• Begoña Villacís, de Ciudadanos, habla sobre el Orgullo de Madrid al que considera “la gran fiesta de Madrid” y cuyo objetivo ha de ser defender los derechos LGTB+ en el mundo la internacionalización. De la fiesta.

  • Villacís cree que el Orgullo nació por una “necesidad espontánea” de la ciudadanía y propone mejorar el MADO celebrando “bodas simbólicas” para personas LGTB+ cuyos derechos no son reconocidos en su país.


La concepción que algunos partidos políticos tienen del Orgullo es tan evidente que da hasta apuro tener que recordarlo. Por suerte para todos ahí está Begoña Villacís, dispuesta y preparada para dejarnos claro cómo ve y entiende su partido, Ciudadanos, el Orgullo LGTB.

En una entrevista publicada por la Shangay (y en la que, por cierto, es fácil confundir las declaraciones de Villacís con las del redactor de la noticia, no te asustes si te da por leerla entera) Villacís explica que ella asiste al Orgullo de Madrid “desde hace mil años” y que le encanta porque “ha surgido de la sociedad civil, no como algo organizado por el Ayuntamiento. Recuerdo aquellos años en los que era en Chueca y no era algo tan grande como ahora“.

Ella misma debió darse cuenta de que lo que contaba era un poco confuso y decidió aclararlo en un tweet en el que compartía el enlace a la entrevista:

Parece que Begoña cree que el Orgullo LGTB+ floreció en Madrid como una seta en el bosque y ahora su intención es “que sea la gran fiesta de Madrid“.

Porque eso es el Orgullo para ella: una fiesta.

Ponernos a estas alturas de la vida a explicarle a Begoña (o a cualquiera) el origen del Orgullo LGTB+ es un poco agotador.

Pero más agotadores somos nosotros. (Que nos lo ha dicho este señor, que es muy de Ciudadanos, por lo que parece, porque primero dice que no nos sigue, luego resulta que sí y que además lo tenemos visto de los comentarios de Facebook y ha acabado bloqueándonos después de decir que lo hemos falsificado todo con Photoshop. Ciudadanos 100%).

Querida Begoña: el orgullo no “surgió” de forma “espontánea” en Madrid. El Orgullo LGTB+ surgió de unos disturbios frente al Stonewall Inn cuando las mujeres trans y las drag queens y las latinas y latinos y afeminados y marimachos (para que se entienda mejor: todos los que no salen en portada de la Shangay) decidieron que estaban hartas de ser maltratadas por las fuerzas de seguridad. Estaban hartas de esas redadas en las que les detenían (y torturaban) día sí y día también por vestir más de 3 prendas de lo que se consideraba el género opuesto.

Fue Marsha P. Johnson (que creemos que de madrileña tenía bien poco) la que, según cuenta la leyenda -fueron unos disturbios, Begoña, en el 69, Begoña, es lógico que la historia no esté del todo clara- tiró la primera piedra contra el Stonewall y dio comienzo a la revolución. Esa revolución y ese enfrentamiento violento contra el sistema fue lo que dio origen a la manifestación (que no fiesta, eso vino después) por la liberación del colectivo LGTB+.

Ocho años más tarde, en 1977, se celebró en España la primera manifestación del Orgullo LGTB+. Fue en las Ramblas de Barcelona (aunque a alguno le gusta pensar que las Ramblas también pasan por Madrid) y un año después, en 1978, se celebró la primera manifestación del Orgullo en Madrid. La organizó el Frente de Liberación Homosexual de Castilla. Aunque técnicamente no fue la primera, hubo otras en años anteriores pero con una asistencia muy baja: no fue hasta el 78 que se juntaron miles de personas para protestar contra un Código Penal que consideraba la homosexualidad un delito. No fue hasta el año siguiente, en 1979, cuando se liberó a los presos que aún estaban encarcelados por su orientación sexual.

Luego vinieron los 80. Hubo que esperar hasta 1989 para ver derogada la Ley de Escándalo Público (por la que aún se seguía persiguiendo a las personas LGTB+) y hasta 1999 para que se declararan confidenciales los archivos policiales de los reprimidos por esa ley para evitar que la policía siguiera humillando a los detenidos bajo esas leyes al ver sus antecedentes. 1999, Begoña. Hace 19 años. Que tampoco son tantos.

Y todo esto te lo cuento, Begoña (y se lo cuento también al periodista que se pasa media entrevista hablando de “fiesta”) porque resulta que los que acabaron manejando ese Orgullo que tanto te gusta (y dirigiendo el medio que ha publicado esa entrevista) eran los que en un principio se negaban a acudir al Orgullo porque “Eso es una reunión de locas plumíferas que no nos representan“.

No lo digo yo, Begoña, que no estaba allí. Lo explicó Shangay Lily en su libro “Adiós, Chueca“.

Tal vez deberías echarle un vistazo al libro, Begoña, para ver si así entiendes por qué tu tweet y tus declaraciones en esa entrevista son tan profundamente ofensivas, lamentables y tan faltas de cualquier tipo de decoro y vergüenza. Tú, Begoña, parece que solo consigues entender el Orgullo como lo entienden Llopart y compañía: como un gran negocio. De ahí que insistas tanto en la necesidad de “internacionalizar” el Orgullo de Madrid; cuando el objetivo de cualquier Orgullo (más o menos comercial) es la lucha por la universalidad de los derechos LGTB+.

Dicho de otra forma: el objetivo del Orgullo de Madrid o el de Barcelona no es solo el de atraer turismo a una ciudad en concreto, es conseguir que todas las ciudades del mundo tengan su propio Orgullo.

Por eso, Begoña, me he sonrojado (y no te exagero) cuando leyendo esa entrevista veo que tu gran aportación a la forma en que se celebra el Orgullo es proponer que se celebren bodas simbólicas para personas que son perseguidas en su país por su orientación sexual: “creo que sería estupendo, como algo simbólico, poder casar a todas aquellas parejas que en sus países de origen no tienen reconocidos sus derechos“.

Simplificar la lucha LGTB+ a las bodas entre homosexuales (por muy simbólico que sea el gesto, Begoña) es un insulto. El matrimonio es solo uno de los muchos derechos que la comunidad no tiene asegurados en todo el mundo (ni siquiera en España, Begoña); y aunque puede ser muy bonito invitar a una pareja de lesbianas de Egipto a que se casen en Madrid… No deja de ser un gesto clasista y casi condescendiente, porque luego las vas a devolver a su país y que se jodan.

¿Quieres hacer algo por las personas LGTB+ que viven en países en los que son perseguidas, acosadas, apalizadas, quemadas vivas, secuestradas, asesinadas, degolladas o ahorcadas? Concédeles asilo y déjate de bodas simbólicas. Aunque claro, luego llegan aquí los inmigrantes y es tu partido el que quiere empezar a quitarles derechos.

No te he visto hablar de la situación del colectivo LGTB+ en Chechenia, Begoña, y no será porque no os encanta hablar de cosas rusas. Si quieres llamamos a los activistas LGTBI de la zona, los que han visto cómo desaparecían y eran asesinadas cientos de personas del colectivo, y les proponemos que vengan a participar en una boda simbólica. Sin duda es justo lo que necesitan.

El Orgullo, Begoña, es una manifestación. Que tiene un componente festivo, sí, porque en él además de reivindicar y luchar celebramos la libertad y la diversidad. La que tenemos y la que nos falta. A nosotros y a todo el colectivo LGTB+. Y esa parte festiva nos encanta, porque es uno de los momentos en los que más libres nos sentimos para ser, reivindicar, celebrar y sentir. Pero tu insistencia (y la del de la Shangay) en que el Orgullo de Madrid es “la gran fiesta de Madrid” y lo que hay que hacer es internacionalizarla es UN IN-SUL-TO. Un insulto porque el Orgullo no surgió como una “necesidad espontánea”, fue una respuesta a la opresión del sistema. Y si en 1969 hubiera existido tu partido, Begoña, habríais estado en el bando opresor. Y lo sabes.

Porque seguís en ese bando.

Evidentemente no espero que lo entiendas, Begoña. En el próximo Orgullo tú te subes a la carroza de la gestación subrogada y en diciembre no olvides ir a la Gala Sida (si se celebra) a repetir una y otra vez a la prensa lo del 90-90-90 aunque luego apoyéis al partido que no se gasta un duro en la lucha contra el VIH.

Así que una de dos, Begoña: o sabes todo esto y no lo dices porque eres consciente de que el Orgullo no encaja en el discurso de tu partido; o no lo sabes y eres una bocachancla. En ambos casos, siendo quien eres:

 

P.D.: A mí lo que me preocupa no es tanto que Begoña Villacís tenga esas ideas sobre el Orgullo como que haya gente LGTB+ que se las cree y las apoya. Y si no se las cree ni las apoya ya encontrarán la forma de darle la vuelta a la conversación para desviar la atención de las chorradas ignorantes que dice Villacís. Es lo que ha intentado hacer, por ejemplo, este chico militante de Ciudadanos y activista LGTB en Arcópoli; al que parece le parece fatal que alguien diga “Orgullo Gay” pero no dice ni mú sobre lo de la fiesta, la “necesidad espontánea” y las bodas simbólicas ni sobre el hecho de que en una entrevista sobre el Orgullo Villacís no pronuncia la palabra “derechos” ni una sola vez.

P.D.2: Hola Arcópoli ¿qué tal estáis? ¿Bien? Esperamos que sí. Hacéis un trabajo maravilloso. Tenemos buena relación, incluso podríamos decir que somos amigos. Por eso nos resulta tan sorprendente que un chico que se anuncia como miembro de vuestra organización nos llame “matones”.

Pero lo más divertido es su propia incongruencia: él no representa a Arcópoli a través de su cuenta personal aunque en su bio se identifique como activista en vuestra organización; pero yo sí represento a toda la web desde la mía cuando intento “desprestigiarle“:

Y yo couldn’t help but wonder:

¿Qué prestigio tiene esta tarántula?

 

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