El Museo del Traje de Madrid reivindica a Tino Casal como diseñador.

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Hace unos meses en Estoy Bailando, dentro de nuestra serie Himnos Gays, hablábamos del tema de Tino Casal Embrujada no solo como su mejor canción, sino como uno de los temas más representativos de esa cosa tan abstrusa llamada La Movida.  Pues bien, he aquí que el Museo del Traje madrileño ha tenido a bien organizar una exposición sobre Tino y, así, conmemorar el vigésimo quinto aniversario de su muerte.

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Una blusa de Tino transformada y modificada por él mismo.

El recorrido se centra, como no podía ser de otra manera, en la faceta de diseñador de Casal, un aspecto de su trabajo artístico no tan conocido. Mediante trajes, zapatos y complementos que él mismo diseñaba, otras ropas que encargaba a hacer a diseñadores españoles del momento como Pepe Rubio, Antonio Alvarado, Pedro Morgao, Gene Babaleiro o Francis Montesinos, que ayudaron al cantante a crear esa imagen inimitable, producto de su propia imaginación, imagen que era imprescindible para transmitir el mensaje que el cantante pretendía hacer llegar al máximo público posible: la falta de prejuicios.

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Chaqueta perteneciente a la época del álbum Hielo Rojo (1984).

Mediante un espacio circular, la sala de exposiciones temporales del Museo del Traje nos encamina, de forma cronológica a través de sus álbumes, por sus iniciales pasos como cantante con la banda de pop sesentera “Los Archiduques”, donde ya mostraba una predisposición por los trajes llamativos, tan propios de la era psicodélica de mitad de lo sesenta. De ahí a sus primeros devaneos como artista en solitario a mitad de los setenta, cuando se le quería crear una imagen a lo Nino Bravo o Camilo Sesto, cantantes melódicos del momento. Su imagen, ya con su caballera leonina pero sin bigote ni barba, pasaba por las chaquetas vaqueras ajustadas, los típicos pantalones de campana o chaquetas de flecos que él mismo transformaba y modificaba, haciéndolas piezas únicas.

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Tino al principio de los años setenta, cuando iniciaba su carrera en solitario.

Tras un descalabro en 1978 con su canción Emborráchate, que quedó a las puertas de ganar el Festival de Benidorm de ese año, Tino abandona la música y se vuelca en su faceta como pintor, productor y diseñador de imagen y carpetas de discos para otros artistas, desde los heavies Obús hasta los modelnos Azul y Negro, pasando por otras bandas hoy olvidadas como Tacones y Opart. Es en ese momento, 1981, cuando el productor y hombre de radio Julián Ruiz convence a Tino para que vuelva a la música, con una nueva proyección como rey, madurito, de la modernidad circundante. Eran los años de La Movida en los que Tino se convertiría en uno de sus principales valedores desde la música y el diseño de imagen y vestuario.

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Los complementos, una de las pasiones de Tino. Aquí, varios objetos que le pertenecieron.

Desde su primer disco en solitario, Neocasal (1981) hasta el último Histeria, (1989) la exposición dedica una sala a cada uno de ellos, centrándose en el vestuario para cada álbum y el escenario dedicado a cada gira, el atrezo elegido parar cada actuación, con mobiliario rescatado de la época, multitud de trajes y complementos y objetos, todo ello pagado por el propio Tino de su bolsillo para llegar a su idea del espectáculo total que lo convirtió en uno de los capitales pioneros en la concepción de la imagen, arriesgado, coherente y perseguidor de su ideal hasta el final.

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Aspecto de una de las salas de la expo, con trajes, mobiliarios y objetos que pertenecieron al propio Tino.

Para Neocasal, Tino exhibía un pelo más corto, ropas inspiradas en el movimiento inglés new romantic, con superposición de prendas, pantalones bombachos y mucha imitación de pieles de animales. Luego vendría la imagen elegante de amplias chaquetas de colores chillones, camisas con chorreras, multitud de complementos, o su etapa con el pelo cardado, con ropajes muy recargados y zapatos de puntas imposibles; o sus últimos años, tras su convalecencia por la rotura de fémur, cuando llevaba el pelo corto y daba la imagen de dandi maduro, elegante conde Drácula. Además, esta estupenda exhibición se detiene concienzudamente en otra faceta en la que Tino puso especial cuidado: la concepción de vídeos musicales, la mayoría de los cuales, mezclados con actuaciones en directo y apariciones televisivas, se pueden ver en una gran sala. Es una gozada admirar, en pantalla gigante, una obra maestra del vídeo musical como Embrujada.

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TIno según Fabio.

Así hasta el final, cuando Tino murió aquel 22 de septiembre de 1991, a los 41 años. En esta última sala se pueden ver las pinturas al óleo del cantante, de técnica mixta y temas que lo llevaba a la abstracción, con explosiones de colores y superposición de formas, tal y como a él le gustaba vestirse. Se exhiben también, hacia el final, una colección de sus complementos (era un comprador compulsivo) y homenajes de otros artistas, como los de su amigo Fabio McNamara.

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En definitiva, una expo valiente, elegante, nutrida, hecha con gusto, con cartelas explicando la concepción y la historia de cada uno de los trajes. Una exhibición necesaria para glorificar a uno de los más grandes artistas de verdad que ha dado la música pop española. La exposición estará abierta hasta el 19 de febrero de 2017.