Varias universidades americanas dejan de representar la obra de Eve Ensler por considerarla anticuada y fomentar la idea de que para ser mujer has de tener vagina.

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En el capítulo “Man on the Land” de Transparent (serie que si no has visto deberías estar viendo ya) las dos hijas de Maura deciden llevársela a un festival (ficticio) de música organizado por feministas para feministas en el que poco tardará la protagonista en chocarse de frente con uno de los mantras que algunas feministas más defienden y que cada vez tiene menos sentidos (y menos apoyo): para ser mujer tienes que haber nacido con una vagina.

Maura, a punto de cagarse en el feminismo.
Maura, a punto de cagarse en el feminismo.

Esta idea choca de frente con los derechos y las reivindicaciones de las mujeres trans, que a pesar de no haber nacido con una vagina o de no querer -o no poder- reasignarse el sexo biológico se sienten mujeres y exigen que se respete su identidad de género. Exigencia que, por cierto, es tremendamente justa en tanto en cuanto es algo que otros ni siquiera tenemos que exigir. Recuerdo a una mujer transexual explicando que una vez el taxista que la llevaba de camino a su operación de reasignación le preguntó cómo podía sentirse mujer teniendo pene; ella le respondió de forma magistral: “Si ahora tu taxi se estrellara contra un camión cargado de vigas y una de ellas fuera directa a tu entrepierna y tuvieran que amputarte el pene ¿te sentirías menos hombre?

Ahora varias universidades americanas están llevando esa exigencia un poco más allá y están empezando a dejar de representar una obra tan emblemáticamente feminista como los Monólogos de la Vagina, escrita en 1996 por la activista feminista Eve Ensler, por considerar que su visión de la mujer está anticuada y es, básicamente, transfóbica.

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Los Monólogos de la Vagina se han representado infinidad de veces en infinidad de idiomas y siempre se la ha considerado una obra importantísima dentro del movimiento feminista, por la forma en que el texto empodera a la mujer a través de su órgano sexual. De hecho la obra es la parte central del proyecto V-day, que cada año, entre el 1 de febrero y el 8 de marzo, lleva a cientos de personas alrededor del mundo a representar la obra y recaudar fondos para programas que combaten la violencia de género.

Cartel de una representación de los Monólogos de la Vagina en el VDay de 2013
Cartel de una representación de los Monólogos de la Vagina en el VDay de 2013

Pero ahora que las reivindicaciones de las personas trans cada vez tienen más visibilidad, los alumnos y alumnas universitarios estadounidenses empiezan a ver la obra como “una representación binaria del género” y buscan otros monólogos u obras que representen todos los cuerpos, independientemente de la identidad de género. Eso es lo que escribía Kendall Baron, una estudiante que forma parte de la Women’s Initiative de la organización American University.

En la Universidad de Whitman, por ejemplo, los alumnos llevan 3 años sin representar los Monólogos de la Vagina y en su lugar prefieren representar otros espectáculos en los que los estudiantes hablen sobre diferentes tipos de cuerpos. Y en la universidad femenina de Mount Holyoke hace ya tiempo que las propios estudiantes solicitaron que se dejara de representar la obra de Ensler porque se sentían cada vez más incómodas “representando un material que es inherentemente reduccionista y exclusivo.

¿Y qué tiene que decir Ensler de todo esto? La autora de la obra ya explicó hace un tiempo en un artículo en la revista Time que estas reacciones le sorprendían, porque su intención al escribir los monólogos nunca fue la de definir qué es y qué no es una mujer: “Es y siempre será una obra sobre lo que significa tener una vagina. En la obra nunca he definido a una mujer como una persona con una vagina.”

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[divider]Fuente: Heat Street[/divider]