“No entiendo por qué es tan complicado que, por una puta vez, las asociaciones y el colectivo LGTBI en general nos pongamos de acuerdo en algo que va muchísimo más allá que nosotros mismos.”

Martes, 18:30 de la tarde. En la Plaça Sant Jaume de Barcelona hay dos escenarios. A la derecha un grupo de música popular acaba de terminar una actuación y a la izquierda una pancarta exclama “Detengamos el exterminio LGTBI en Chechenia“. La gente alrededor del escenario de la derecha se dispersa mientras frente al otro empieza a amontonarse una multitud, en su mayoría hombres; algunos con banderas del arcoiris.

La concentración, que se convocó a través de las redes sociales días antes, quiere denunciar el trato que el colectivo LGTBI recibe en Chechenia y que se ha ido destapando en las últimas semanas en los medios de comunicación. Todos esos medios, incluido éste, se basan en las informaciones que el Nóvaya Gazeta (un periódico ruso muy crítico con el Kremlin) ha ido publicando desde principios de abril. Aunque han ido surgiendo testimonios de chicos chechenos que han huido del país que explican que aunque la cosa pareció endurecerse a principios de abril en realidad la situación siempre ha sido complicada y algunas de las detenciones ya comenzaron en noviembre de 2016.

Es una concentración, no una manifestación. La gente está allí, mostrando su apoyo al colectivo en Chechenia. Todos somos conscientes de que estar 15 minutos de pie en una plaza no va a solucionar nada, pero también sabemos que es importante estar ahí para que nuestra presencia llame la atención, sobre todo de los medios de comunicación. Para que lo que está pasando en Chechenia no se silencie. El problema es que si no hay medios de comunicación mirando, no sirve de nada. Y yo no puedo evitar irme pensando que, por desgracia, un artículo en esta web llegó a más gente que lo que se denunció sobre ese escenario. Y sé que no soy el único que se fue cabreado por eso.

Días antes en Madrid se convocó otra concentración en la Puerta del Sol a la que acudieron una decena de personas. Esta tarde se ha convocado otra concentración pacífica frente a la Embajada rusa de Madrid, que seguramente recibirá más atención mediática porque ocurre en Madrid y porque la cara visible será Alejandro Amenábar. La semana que viene hay otra, el martes a las 18:00, en la Plaza Pedro Zerolo.

Cada una de esas concentraciones (cuatro, en las dos ciudades más grandes del país) las convoca una organización diferente. Y cada una de esas organizaciones, por algún motivo que se me escapa, quiere dejar claro que la convocan ellos y no otros.

Te in-Teresa
Tener grandes amigos gays (NSFW)

En las últimas dos semanas en esta web nos hemos vuelto locos intentando entender qué se está moviendo para poder explicarlo claramente y ayudar a que esas concentraciones sean lo más multitudinarias posibles. Y créeme si te digo que hemos recibido tantos mensajes contradictorios que literalmente no sabíamos qué publicar. Teníamos dos opciones: o publicar lo primero que nos llegaba a riesgo de que más tarde cambiara la información o esperar para ver si surgía algo de luz y podíamos explicaros qué podemos hacer desde España para ayudar a las personas que están siendo perseguidas en Chechenia.

No quiero entrar en detalles sobre lo que nos han contado unos y otros; sobre las notas de prensa que se han tenido que corregir porque parecía que convocaba uno cuando en realidad convocaba otro (cuando quién convoca debería ser lo de menos), de por qué parecía que unos estaban sin hacer nada cuando llevaban semanas peleándose para conseguir información, de quién ha exigido qué (sí, no me he equivocado de verbo: “exigido”), o de quién ha preferido esperar para no correr el riesgo de fomentar una campaña contra Rusia. De verdad te lo digo: algunos nos hemos quedado boquiabiertos con la justificación de algunas asociaciones internacionales por su lentitud a la hora de afrontar este tema.

La situación en Chechenia es confusa, los medios pequeños hacemos lo que podemos y los grandes (si se han despertado) estarán moviendo recursos que otros no tenemos y tal vez por eso tardan más en publicar informaciones. No se puede asegurar nada categóricamente precisamente porque a Chechenia no podemos ir tranquilamente y rellenar una solicitud de información oficial. Pero eso no es motivo para quedarse esperando a verlas venir: si hace falta protestar para que nos lo expliquen, se protesta para que nos lo expliquen.

Lo que quiero es que todos nos paremos un momento y nos planteemos qué cojones estamos haciendo. Voy a dejar a un lado el hecho de que en esta misma web hemos publicado informaciones sobre otros países igual de preocupantes que las que hemos publicado sobre Chechenia y, si ha habido suerte y alguien ha organizado una concentración protesta, han acudido cuatro gatos. Hablamos habitualmente de la situación del colectivo en países como Uganda o Sudán del Sur, de los problemas que tiene la ONU al denunciar la LGTBfobia en varios países. Pero por algún motivo, imagino que por algún mecanismo sociológico asimilado, lo que pasa en Chechenia provoca más rechazo que otras situaciones (cosa que me parece admirable, peor sería si nadie se moviera por nada).

Te in-Teresa
#Hastalaraja: El lenguaje políticamente correcto

Pero ha habido (aún la hay y la seguirá habiendo) una cara mucho menos admirable en todo este follón, y ha sido esta absurda guerra y contraprogramación de manifestaciones y concentraciones y peticiones; una escalada que a mí me ha parecido un concurso por ver quién la tiene más grande y quién se cuelga la medalla más brillante; un show que me tiene con un cabreo considerable. No entiendo por qué es tan importante destacar quién organiza qué, o por qué es tan importante agradecer a las asociaciones que hagan según qué cosas. ¿De verdad una asociación se molesta si no la mencionamos? (Respuesta: sí). No consigo entender por qué lo que a veces parece que surge de forma espontánea acaba resultando ser un acto con trasfondo de política local que se utiliza para desprestigiar el trabajo de otros o como medio de destacar sobre los demás.

No entiendo por qué es tan complicado que, por una puta vez, las asociaciones y el colectivo LGTBI en general nos pongamos de acuerdo en algo que va muchísimo más allá que nosotros mismos.

Sé que no es justo que te esté contando esto pero no te esté dando más detalles, y también sé que sabes que por norma general no tenemos problema en señalar lo que nos parece injusto o lo que creemos que alguien ha hecho mal. Pero este tema me parece lo suficientemente sensible como para no caer precisamente en ese juego de señalar a unos y a otros. Estaría bien que, aunque sólo fuera por una vez, algunos se olvidaran de las rencillas, de las siglas, de las peleas internas, de las subvenciones y de las medallas. Estaría bien que alguien entendiera que en casos como éste somos todos aliados, que el enemigo no está entre nosotros.

Preferiría que hubiera una sola concentración, multitudinaria, que exigiera unos mínimos de investigación, información y respeto a los derechos humanos. Con pancartas visibles, con manifiestos claros, que demuestren un compromiso real por la lucha por la dignidad de todo el colectivo. Preferiría que las asociaciones no se aceleraran sólo para poder decir que fueron las primeras como preferiría que no esperaran tanto a tener confirmación oficial de algo que acaben despertando un mes tarde. Y sobre todo, preferiría no tener la sensación de que es más importante quién convoca que conseguir que el mensaje llegue a donde tiene que llegar.

Tal vez estoy pecando de indignado. No dudo de las buenas intenciones de todos y cada uno de los que informan, convocan, escriben peticiones o intentan remover conciencias. Pero llevo días con esa extraña sensación de que al final la competitividad se ha adueñado de este movimiento concreto. Y creo que va siendo hora de dejar las tonterías a un lado. Chechenia nos lo agradecería.