Lo confesamos, no hemos visto (todavía) La chica danesa. Tenemos muchas ganas, pero aún no la hemos visto. Lo que nos hace mucha gracia es que la haya visto en masa la caverna cristrofreak, que lleva ya unos cuantos días bastante alborotada hablando sobre ella y, como es habitual, montando un drama ridículo sobre ella.

Recreacion. Espectador ultracristiano viendo "La chica danesa"
RECREACIÓN: Espectador ultracristiano viendo “La chica danesa”

Vosotros ya lo sabéis, pero las rubias que leen Actuall, no. Ni es la primera película que trata sobre transexualidad, ni tampoco la única que se estrena este año, pero sí es de la que más se ha hablado en mucho tiempo. Incluso las que han tenido más éxito, como por ejemplo Transamerica, no dejan de ser deliciosas joyitas para un público minoritario. Y esto es precisamente lo que tanto molesta a nuestros amigos ultracatólicos: la visibilidad, y más si esta se da en un producto de consumo masivo y exitoso.

Especialmente les incomoda la idea de que el público pueda recibir, por cualquier medio, ideas contrarias a sus barbaridades las suyas. Y sobre todo, les horroriza que se hable en todas partes, y para bien, de esta película. Como os podéis imaginar, no podía ser de otra manera, en la redacción de Actuall, se vieron en la imperiosa necesidad de escribir sobre transexualidad.

Recreación. Redactora de Actuall hablando de transexualidad
RECREACIÓN: Redactora de Actuall hablando de transexualidad

El artículo, que además está copietado de basado en otro de ReL, es, por supuesto, una muestra de la ignorancia que tiene esta gente de conceptos básicos como la identidad o la expresión de género (que no es por ir de entendidas, pero si escribes sobre esto o te quedas en el convento siglo XIX o no haces el ridículo usando expresiones como “hacerse pasar” o “disfrazarse de mujer“).  Luego lo compensan queriendo ir de cultas y usando términos como autoginofilia. Esta ocurrencia de barra de bar idea de la autoginofilia la usan, igual que AMS, para hablar de homosexualidad y para querer ir de serios y científicos; para transmitir la creencia de que están hablando de transtornos que tienen solución mediante la oración médica. (Curiosamente, una medicina que se basa en la religión y la oración). La autoginofilia es una teoría de la década de 1980 que ha sido ya criticada y desmentida por la ciencia, pero como es habitual, ese es un detallito  que los fundamentalistas no les preocupa.

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A medida que hemos avanzado en derechos y en visibilidad esta gente (muy dada a creer en fenómenos paranormales, como los  extraterrestres que caminan sobre las aguas y otras figuras fantásticas) ha ido pagando testimonios buscando hasta por debajo de las piedras especímenes aparentemente arrepentidos que, ¡oh, curiosidad!, han abrazado los postulados más fundamentalistas del cristianismo. Nos vienen a la mente aquellos que pasaron de ser los reyes de la Folsom Street a ser unos beatos fundamentalistas. O los actores porno que se acabaron haciendo curas homófobos de las iglesias más extremistas del protestantismo cristotalibán de EEUU; como le pasó a uno de los actores más buenorros que haya tenido nunca Kristen Bjorn. Nada nuevo bajo el sol.

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Por haber, ha habido hasta ex-travestis metidos a pastores, y no precisamente de ovejas.

Ajúm. extrans. Sigue.
Ajúm… exgays, extravestis … Cuéntame más, me interesa.

Pero lo que nos noqueó por completo fue ver cómo la caverna meapilas española daba a conocer a otro tipo de criatura de esta galería de los horrores “ex”: los extransexuales ; recogiendo punto por punto las envenenadas consideraciones al respecto hechas por el Witherspoon Institute, un think tank ultraconservador estadounidense caracterizado por su atroz lucha contra los derechos de las personas LGTBQWERTY.

En el artículo nos presentan al “””extrans“”” Walt Heyer, que tras reasignarse y ser Laura, volvió a operarse para ser Walt de nuevo y dedicar su vida a la lucha contra los derechos de las personas transexuales. Y, ya de paso, contra las homosexuales también; porque ya sabéis, esta gente está contra el “lobby” LGTB en general, se meten mezclan de todo un poco y ya les da igual odiar una cosa que otra. Porque el odio es lo único que les mueve, aunque intenten disfrazarlo de libertad individual o de lo que sea.

Ahora que se acaba, poco a poco, el cuento de los exgays y las “terapias” para curar la homosexualidad (cada vez menos aceptadas en los países desarrollados) y que empiezan a ser prohibidas, al menos para menores de edad, aparecen estos personajes con un cuento muy parecido pero quizás más grotesco por lo drásticas que son sus consecuencias. La idea básica es que debes aceptar el sexo que Dios te dio (literalmente) porque ese es el tuyo, y todo lo demás son locas ideas y paparruchas que te ha metido el lobby en la cabeza. Tal cual.

Una de las principales figuras de este movimiento, por ejemplo, es Mark Angelo Cummings, ex-FTM (podéis encontrarlo identificándose con su nombre Maritza en Facebook) que está casado con una ex-MTF que todavía se identifica (usando pronombres femeninos) como Lyna Arielle López,  aunque ahora “ha aceptado que ha nacido biólogicamente hombre” y también es una extrans. La historia de ambos es rara y complicada de cojones entender, hasta el punto de que ellos mismos se consideran personas que poseen dos espíritus, una expresión propia de pueblos nativos norteamericanos. Lo triste es la historia de desinformación, en el mejor de los casos, que los dos tienen detrás. Por ejemplo, Cummings dice que decidió someterse a terapia hormonal porque alguien le preguntó si era transexual y entonces buscó en internet y decidió que sí, que lo era.

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López y Cummings

Lo pintoresco de toda esta historia nos puede dar más o menos igual. Pero lo que nos preocupa es que el movimiento extrans, aunque minoritario, está creciendo bastante rápido y, sin entrar en comentar sus vidas nada convencionales, personas como Cummings están transmitiendo mensajes muy peligrosos, como que no se debe despatologizar la transexualidad o minimizando las altas tasas de suicidios en menores trans y diciendo que en todo caso, la culpa es de los padres por consentir a sus hijos. Mezclándolo todo, además, con otros clásicos de la caverna como que eso en un hogar decente (vamos, cristiano de toda la vida y con la mujer sometida al hombre) no pasa. Otra de sus perlas es que “una persona normal no se suicida, por muy dura que sea su vida” como respuesta al caso de un profesor de instituto transexual que se suicidó.

Los López-Cummings, que llaman a la cirugía de reasignación “mutilación”, insisten en que no existe la disforia de género y que las personas transexuales necesitan tratamiento mental para superar lo que ellos llaman “un  problema”; han convertido lo que fue una página de activismo trans en un sitio para dar rienda suelta a sus ideas (esto es muy parecido a lo que ocurrió cuando uno de los principales sitios LGTB de chile se transformó en una web asociada al Opus Dei, dedicada a vender terapias de conversión) y se codean con autores que dicen tener “amigos que han transicionado” mientras niegan la existencia de la transexualidad. ¿De qué nos suena todo esto?

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Te lo dije. ¡TE LO DIJE!
Te lo dije. ¡TE LO DIJE! ¡Ya están aquí!

En definitiva: el movimiento extrans, aunque minoritario, es una bola de nieve que está empezando a crecer. El método es el mismo que con el de los exgays y las terapias de conversión: lo primero, decir que todo son tonterías y que las cosas son como siempre han sido y no de otra manera. Lo siguiente, buscar personajes transtornados resentidos por diversos motivos y usarlos como un escaparate y supuestos casos de éxito, aunque contradigan cualquier otra teoría científica. Todo ello, por supuesto, con el aparato mediático de la iglesia y sus sistemas de propaganda, que son muchos y potentes. Estaremos atentos, porque tal vez tengamos que hablar más de estos personajes.

Merece la pena echarle un vistazo a un reportaje de The Advocate, con el que han llamado recientemente la atención sobre estos curiosos y dañinos personajes: un magnífico artículo titulado “Activistas ‘extrans’ al descubierto: el pez gordo que está detrás de su lucha contra la transición de género”. Dicho artículo es un demoledor y a la vez espeluznante acopio de datos e información sobre esos personajes, utilizados al antojo de los think tanks homófobos.

Fuente | Actuall, The Advocate

  • Eloy

    Me moló este reportaje . . es todo un zas! Y he aprendido cosas q no sabía. Gracias

  • Ana

    Hombre, critican a Actuall por discriminatorios y este articulo también lo hacen y peor con burlas e inmadures, deberían de ser objetivos y no ser hipócritas, aunque Actual tenga distinta percepción a la suya, no deben de denigrar eso es discriminación pues les dan trato diferente y denigrante por ser catolicos y no, no es justificante el hecho que piensen que ellos lo hacen y en caso que así fuese. ¿acaso es correcto actuar de la misma manera?, de cualquier forma un consejo pongan fuente bibliográfica a los que dicen que es mentira de Actuall porque así se quedan en puro subjetivismo y critica nada constructiva, yo leí una historia de un transexual arrepentido y confirme por fuentes objetivas (y no no era religioso es un noticiero de Inglaterra) y también de homosexuales arrepentidos y los oí decirlo de sus propias bocas así que si existen quienes se arrepiente.

    • little Bab

      Basura aquí no. Gracias

    • little Bab

      Y a ver si te metes en la cabeza que discriminar no es “tener distinta percepción”. Discriminar es discriminar y no, no es algo respetable.

    • Hidroboy

      Precisamente esos transexuales y homosexuales “arrepentidos” existen por la visión discriminatoria de personas como los que escriben Actuall que en lugar de aceptar a los demás por cómo son se dedican a señalarles y decirles que lo suyo no es normal, cuando toda la comunidad científica (la que no está pagada por católicos, claro) dice que lo único diferente que tiene una persona transexual u homosexual es la cantidad de odio y discriminación que reciben por parte de los demás.

      No discriminamos a nadie por ser católico, les acusamos de ser intolerantes y de vulnerar los derechos de los demás escudándose en su religión.