• En su primera novela, J. Domínguez Macizo nos propone un thriller urbano que se aleja de la novela policiaca tradicional con  personajes buenos y malos claramente definidos.

En prácticamente cualquier ciudad (¡incluso podría ser la tuya!) hay un parque más o menos apartado, discreto, muy discreto, en el que te puedes encontrar, sobre todo al acabar el día, señores que pasean no-tan-inocentemente sabiendo muy bien qué, cómo y cuándo lo quieren. Sí, estamos hablando de lo que estáis pensando. El producto que quieren consumir son otros hombres, lo que se vende es el cuerpo de profesionales que saben perfectamente que, como en cualquier negocio, tienen que ser rentables y como mercancia que son, saber ofrecer lo que el cliente pida en todo momento.

La historia de Los chicos del parque arranca precisamente en uno de estos jardines urbanos, que a simple vista parecen tan anodinos pero en los que puede pasar de todo. Allí aparece el cadáver de Néstor, un conocido político que tenía muchas papeletas para llegar a ser alcalde de la ciudad. Rápidamente se disparan todas las alarmas periodísticas, policiales y políticas para tapar (o hacer más visible, según convenga a cada cual) lo que podría ser el escandalazo del año en la ciudad. En medio de todo este torbellino se verá atrapado Mario, el protagonista de la novela, un discreto y algo aburrido profesor en un colegio relacionado con el Opus durante el día y un atractivo chapero en el parque de noche; que sabe moverse con desenvoltura en el particular ecosistema de clientes y distintas categorías de trabajadores del sexo.

El parque tiene sus reglas y los chicos que trabajan allí saben que una de las más importantes es no contar nada de lo que pasa en él. A nuestro protagonista, como a muchos de los que acuden a ofrecer sus servicios o a contratarlos, no le interesa que se sepa de sus actividades nocturnas y es por esto que acabará añadiendo una nueva capa a su identidad múltiple: cuando el policía encargado del caso le chantajea con una foto que demuestra que Néstor fue amante de Mario, éste se ve obligado a infiltrarse como investigador en ciertos ambientes de prostitución masculina que no son por los que circula habitualmente. Añadamos además la desaparición en comisaria de un alijo de cocaína que todo el mundo tiene interés en recuperar para que podamos ver que nuestro chico del parque va a tener muchas cosas entre manos.

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Y no van a ser rabos, precisamente.

Mario, profesor, prostituto y ahora también investigador actuando como aliado obligado de la policía, tendrá que deambular por una jungla urbana como un superhéroe muy particular que usa como principal arma de combate el atractivo de su cuerpo masculino y que tiene, como Batman, su pequeño arsenal de truquitos, que en su caso son la ketamina, la Viagra y alguna otra sustancia más fuerte y peligrosa para poder salir de las situaciones más complicadas.

Si esperáis un cuento de hadas romántico en el que un cliente se acaba enamorando del chico con el que tiene sexo para liberarlo y huir con él, no lo vais a encontrar. Como ya os contamos en esta web al hablar de La difícil vida fácil de Iván Zaro, hay poco de placer o sentimientos en este mundo, y los que viven de él saben que tienen que proteger no sólo su verdadera identidad, sino también sus verdaderos sentimientos o deseos, bajo muchas capas.

Tampoco esperéis encontrar una novela, como otras, que consiste en una sucesión disparatada de escenas de sexo y con menos argumento que una peli porno de las de malas. Evidentemente, os podéis imaginar que nuestro protagonista no se va a pasar toda la historia con los pantalones puestos; pero cuando se los quita siempre es por un precio, sabiendo lo que hace y por exigencias del guión.

¿Sois de los que pensáis que en una novela LGTB los maricones tenemos que aparecer siempre como estilosos, cultos, sensibles, muy educados y maravillosos? Pues… ya os podéis hacer a la idea de que tampoco es lo que vais a encontrar aquí. Empezando por nuestro héroe: frío, calculador (no podéis imaginar hasta qué punto) y bastante racista, es imposible empatizar con ningún personaje de esta novela. Esto es bastante raro de encontrar y con lo que  nos gusta un buen papel de villano (¿a quién no? con su buena dosis de conflictos de intereses y traumas) nos lo hemos pasado como niños con este libro.

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Todos tienen algo que ocultar, todos son muchas más de lo que parecen a simple vista y todos tienen el sentido de la hijoputez bastante desarrollado. Disfrutad de este paseo por el parque, que no será precisamente para ir a recoger flores con vuestra abuela.
J. Domínguez Macizo (J de Jorge, J de Jordi, Macizo de Macizo) se define como rebelde y un tauro cabezón y narcicista; aunque nosotros lo definiríamos también como un lobito sepsi. Es licenciado en Ciencias de la Información y ha trabajado como periodista musical y técnico de comunicación. La historia de Los chicos del parque comenzó a desarrollarse cuando estaba terminando la carrera y se tumbaba en la cama a montarse, literalmente, videoclips y películas en su cabeza. A ritmo de canciones como Bad Girl, Big in Japan o Who is it, lo que ahora es la escena final del libro nació como un relato corto y un proyecto de guión para un posible proyecto de fin de carrera, que no se llegó a rodar porque resultaba too much con los medios de los que disponían. 

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