No puedo estar a favor de legalizar algo con tantísimas zonas grises. No puedo estar a favor de la gestación subrogada en los términos en los que muchos queréis que esté.


Llevo mucho tiempo retrasando este artículo. Y aún ahora, que empiezo a escribirlo, me apetece bastante poco. Sinceramente, no me parece que sea una prioridad ni algo tan importante para el colectivo como para estar sumergidos en tanto debate y tanta trifulca. Nuestro país aún no tiene una ley integral contra la LGTBfobia, el colectivo transexual sigue siendo tremendamente vulnerable. Así que la legalidad de la subrogación se me antoja algo importante, porque hay familias en una situación legal bastante esperpéntica; pero no prioritario. Y menos para nuestro colectivo; porque es un “problema” que mayoritariamente afecta a cierto sector privilegiado del colectivo gay (que no LGTB) pero sobre todo del heterosexual.

Dicho esto, para que no nos confundamos y aún sabiendo que mi punto de vista no es el más popular entre los gays que seguramente vais a leer esto, voy a ser muy claro: estoy a favor en muy pocos casos, estoy en contra de la inmensa mayoría. Lo fácil es posicionarse en el extremo, en el sí o en el no. Hablar de “la libertad de la mujer” o de lo de las “vasijas“. Pero lo cierto es que hay toda una escala de grises entre los que uno puede navegar. El problema con esto es que aquí hay demasiados tonos de gris.

Hace un tiempo un chico me escribió por Twitter cabreadísimo porque el sector feminista de Podemos estaba radicalmente en contra de la Gestación Subrogada. Hubo dos cosas que me chocaron mucho. La primera era que me escribiera como si yo pudiera hacer algo para cambiar eso, o más bien como si “debiera” hacer algo para cambiarlo; que por ser gay cómo no iba a estar a favor. La segunda era que yo no entendía el motivo por el que las feministas, de las que por cojones tengo que ser aliado -no concibo que alguien no lo sea-, estaban en contra cuando yo hasta ese momento me decantaba por estar a favor. Incluso había escrito artículos en esta web que lo demostraban y fui de los que se escandalizó por el manifiesto “No Somos Vasijas” publicado por un grupo feminista vinculado al PSOE. Pero hubo otra cosa que surgió de esa misma conversación que me chocó aún más: los partidos liberales de derechas, los que menos han hecho por mis derechos como ciudadano, son los adalides de la Subrogación en España. Y teníamos que evitar eso y convencer a los de izquierdas para que también la apoyen porque de repente la subrogación se había convertido en un derecho del colectivo gay.

Ricky Martin, junto a sus dos hijos nacidos por subrogación.

En ese momento mi respuesta fue lo que te he dicho arriba: no me parece una prioridad. Pero eso no impide que hablemos del tema, evidentemente. Así que decidí investigar por qué chocaba con mis aliados (feministas y grupos de izquierda), y resultó que para entenderlo lo único que tenía que hacer era ver más allá de mi privilegio.

El otro día en Telecinco se montó un debate sobre la Gestación Subrogada que ya desde su concepción estaba mal planteado. No se puede promover un debate con una balanza de opiniones no equilibrada y en el caso de Sábado Deluxe no lo estaba. Al debate le precedía una entrevista a Kiko Hernández que hablaba de su caso. Se mencionó por ahí a Torito, a Ricky Martin, a Cristiano Ronaldo… (Por si no te has dado cuenta, son todos hombres en una situación económica bastante boyante). El esperpento fue ver el rótulo de “Kiko Hernández, padrazo“, cuando él mismo explicaba que tenía contratada a una interna 24 horas para encargarse de sus bebés. No sé la tuya, pero ésa no es mi definición de padrazo. Por supuesto no hubo debate. Hubo gritos, hubo argumentos (por ambos lados) mal planteados, hubo muy pocas ganas de escuchar al contrario, hubo demasiadas ganas de llevarlo todo al terreno personal y hubo muy poquitos momentos de lucidez. La mayoría vinieron por parte de Cristina Fallarás, que aunque pecó un poco de catastrofista, fue la única que aportó la visión realista de la Gestación Subrogada.

Kiko Hernández, ofreciendo una información valiosísima sobre la madre de sus hijas.

Voy a empezar diciendo algo que tengo clarísimo, que no todo el mundo entiende como yo y que es la base de todo este problema: ser padre no es un derecho. No lo digo yo sólo, también lo dice Unicef. El derecho de ser hijo, el deseo de ser padre. Sí, la Carta Internacional de los Derechos Humanos deja claro que todos tenemos derecho a formar una familia. Pero me parece estrambótico que después de haber luchado como lo hemos hecho para que se reconozcan todos los tipos de familia ahora ansiemos perpetuar la idea de que para ser una “familia de verdad” hay que ser padre biológico. Se puede ser padre y se puede formar una familia de muchas formas.

Para explicarme voy a utilizar el caso de Tamara Gorro, que era una de las que “debatían” a favor de la subrogación en ese programa.

Tamara Gorro no podía quedarse embarazada. Tras 18 tratamientos fallidos de fecundación in vitro, ella y su marido decidieron adoptar. Según contó, en España le era casi imposible (a pesar de que, en su situación económica, su núcleo familiar es ideal para una adopción). No ignoremos, por cierto, que gente con menos posibilidades que Tamara y su marido han adoptado en España. A su lado tenía una: Pilar Rahola. Tamara explicó que ella colabora con varios orfanatos en Portugal y que en una visita se estableció un vínculo afectivo con una niña. La niña quería que la adoptara y ella quería adoptar a la niña, pero las autoridades (evidentemente) le dijeron que tenía que pasar por el proceso normal. Lo curioso de su argumento fue que en ese momento vino a decir que ella entendía perfectamente que tenía que pasar por ese proceso, que sabía que iba a ser complicado, “Así que me fui a Rusia“.

De golpe, sin explicar por qué: Tamara Gorro se fue de Portugal a Rusia. El vínculo con la niña dejó de ser importante y cambió de país. ¿Sabes por qué no explicó esa decisión? Porque sólo había una explicación: era más fácil. El deseo de ser madre de Tamara Gorro se antepuso al derecho de la niña portuguesa a ser hija. Al final Tamara no pudo adoptar tampoco en Rusia, así que se fue a lo siguiente más fácil -para ella-: una madre subrogada en Estados Unidos. (Probablemente invirtió el mismo tiempo y esfuerzo que le habría costado adoptar a la niña portuguesa, por cierto).

Tamara Gorro se ha convertido en una de las mayores defensoras de la legalización de la subrogación.

Ni Tamara Gorro, ni Kiko Hernández, ni Pilar Rahola -que es madre adoptiva-, cedieron un minuto de su tiempo para denunciar las trabas del proceso de adopción en España. “¡Es que es casi imposible!” decían, “¡Se tarda años!“, “¡Tampoco es gratis!“. He leído una entrevista a una madre por subrogación enfadada porque en los Servicios Sociales le dijeron que “la adopción está pensada para satisfacer las necesidades de los niños“. ¡Qué escándalo! Pero mira, nadie está hablando de eso. Nadie monta organizaciones para denunciar lo difícil, costoso y largo que es adoptar a niños que ya han nacido y no tienen familia -o al menos, no se las sienta en televisión a debatir-; nadie parece sufrir por la discriminación de base que sufren esos niños que están ahí, esperando que alguien les dé una familia. Lo que nos querían decir era que aceptemos que adoptar es un imposible y que en lugar de centrar nuestros esfuerzos en abaratar y simplificar eso para que no haya niños fuera del sistema y para que puedan recibir el amor de parejas que no pueden ser padres de forma natural nos pongamos a regular una situación minoritaria que, en la mayoría de los casos, ha supuesto una transacción económica. Porque cuando tienes dinero todo es más fácil.

Te in-Teresa
Alan: Todos somos responsables

Por más vueltas que le doy sólo encuentro un argumento que explica por qué pasa eso. Por qué no hay famosos en televisión denunciando que les es imposible adoptar. Por qué Ciudadanos monta charlas sobre la gestación subrogada pero no para hablar sobre la mejora y el fomento de las adopciones. Por qué el PP está en la misma sintonía. Y todo pasa por una sencilla razón: porque en las adopciones -en España- no hay negocio, pero en la gestación subrogada sí.

Para ayudarse en esa lucha por legalizar la subrogación se están esgrimiendo argumentos que a mí me producen mareo como el que los niños subrogados son discriminados en los colegios. Tamara Gorro enseñó un titular (de un blog gay) con el testimonio de un padre a cuyo hijo le decían en el cole que era “alquilado“. “¡Por eso no tenéis que decir vientre de alquiler! ¡Le hacéis daño a nuestros hijos!“. Incluso he visto por twitter a varios chicos gays hablar de “subrofobia“. Luego te vienen con que es que quieren ser padres porque tienen mucho amor para dar; pero no les vas a ver luchando con el mismo ahínco para poder darle ese amor a un niño ya mayorcito o a uno que no tenga sus mismos ojos. Han decidido que la adopción es imposible. Punto. Porque la adopción, sorpresa, no se puede comprar/alquilar/subrogar.

Por más que leo, por más que intento convencerme de que es algo bueno, lo único que veo siempre, siempre, siempre detrás de cada caso de subrogación que me encuentro en las redes es… dinero. ¿Y me parece mal que una mujer gane dinero porque decide libremente ser madre por subrogación? No. Eso me parece estupendo. Lo que me preocupa es el precedente que plantea esa situación, es el negocio multimillonario que se genera cuando la mujer toma esa decisión y que, más pronto que tarde, acaba absorbiendo también a las mujeres que no tienen tanta libertad para decidir.

Tamara Gorro se llenó la boca de repetir que su gestante era una chica con estudios universitarios, en una situación económica más que decente, que no necesitaba el dinero (pero lo cobró) y que lo hizo de forma altruista. Por ayudar (cobrando). Porque ¿qué tiene de malo que una mujer cobre por “ceder” su vientre para una subrogación? Lo curioso es que, a pesar de decirte esto, los que están a favor de la subrogación te dicen que no lo llames “vientre de alquiler“, que es peyorativo. Pero si estás pagando a una mujer para que sea tu gestante ¿cómo lo llamamos sino vientre de alquiler? ¿Por qué si busco “gestación subrogada” en Google se me llena la pantalla de empresas (sí, empresas, no ONGs) que parece que estén vendiendo un producto? Todo son mensajes positivos, garantías, oportunidades, prestigio, seguridad, sueños, “paquetes cerrados“. No del derecho del niño a ser hijo, sino del “tuyo” a ser padre. Alguna incluso utiliza el término “vientre de alquiler” (porque si es marketing entonces no es ofensivo, claro).

Dicen los que están incondicionalmente a favor que lo que hay que legislar para que la subrogación sea legal en España son tres cosas: que la gestante no tenga derechos sobre el bebé, que no tenga una necesidad económica y que esté en uso de todas sus facultades para entender bien el proceso. Como no soy psicólogo ni me he quedado embarazado no te puedo hablar sobre el vínculo que se crea entre una gestante y el bebé. Pero sí tengo amigas que me han dicho que serían incapaces de gestar voluntariamente el bebé de un amigo o un familiar y luego olvidarse de esa relación. Curiosamente con esa misma amiga charlaba un día sobre donarle mi esperma para que pudiera ser madre y la conclusión por ambas partes fue un rotundo no. ¿Y si, aunque ahora no quiero ser padre, cuando vea al bebé quiero serlo? ¿Y si ella cree que debería ser padre aunque yo no quiera? Eso hoy por hoy está regulado, es cierto, pero el dilema está ahí -y el problema, si surge, no se evapora porque haya una ley-; así que me cuesta creer que en casos de subrogación (con personas cercanas, no con señoras de Wisconsin) no surjan los mismos interrogantes. Y eso me lleva al caso de, por ejemplo, Kiko Hernández. Él, que pudo ser padre ¿gracias a la generosidad de una señora de Estados Unidos que no le conocía de nada? ¿Una generosidad que se pagó con dinero? ¿De verdad pretende alguien que me lo crea?¡Oh! Voy a ayudar a este pobre hombre soltero con dinero, aunque no le conozco de nada ni conozco sus circunstancias, a que sea padre porque le tengo un cariño infinito y daría mi vida por él!” Really? REALLY?

Evidentemente sí existen casos, que me los habéis contado, de chicos que tienen una amiga o familiar que les ha dicho que ellas gestarían a sus bebés si les hiciera falta. Faltaría ver qué ocurre cuando le digáis: “quiero hacerlo ahora“. Pero vale, hay casos de mujeres que se prestan voluntariamente a ser gestantes subrogadas. Pocas, pero las hay.

Ahora voy a plantearte una situación muy hipotética, muy rara, casi irreconocible. Ja. Imagínate que tu amiga gestante te dice que ella no te va a cobrar nada, pero que como mínimo le pagues los gastos médicos. Reino Unido utiliza ese modelo: está prohibido que la madre por subrogación reciba una compensación económica, sólo se cubren los gastos médicos. Además la madre por subrogación ha de renunciar a la patria potestad del recién nacido en favor de los padres expectantes. ¿El resultado? Los británicos se van a Estados Unidos porque allí es más fácil. Pero volvamos con tu amiga. Probablemente tenga un trabajo; tendrá que coger la baja. Incluso puede perder el trabajo por quedarse embarazada. Así que además de pagarle los gastos, tú que tienes dinero suficiente piensas en pagarle una cantidad por las molestias, porque oye ¿por qué está mal eso? Pues no sé. Veamos, ¿cuánto le pagas? ¿Cómo cuantificas el “trabajo” de tu amiga y, por ende, a tu bebé? ¿10.000€? ¿15.000€? Imagina que decidís que 10.000 está bien. Aquí ya puedes tirar por la ventana lo del “altruismo“: en el momento en que se plantea pagar “por las molestias” no hay altruismo que valga. El altruismo, por cojones, implica una molestia.

Te in-Teresa
Gala Sida 2016: Récord de recaudación (y PPostureo)

Pero antes de empezar el proceso (que no son 9 meses y ya está, arreglado) tu amiga duda un poquito. Tú ves venir el problemón, pero quieres ser padre porque tienes “derecho” y piensas que… total, si vas a pagar ¿por qué pagar 10.000? ¿Por qué no pagar 9.000? A lo mejor hay otra amiga que necesita más el dinero y no tiene que dejar de trabajar y por 9.000 acepta. Libremente, eso sí. Bueno, es que incluso si te vas a Ucrania te puede salir mucho más barato y oye, que encima le estás haciendo un favor a una mujer que necesita muchísimo más el dinero.

Pum. Capitalismo. O, como decía Shangay Lily: gaypitalismo.

Cristiano Ronaldo, padre por subrogación.

Es una hipótesis, no digo que todos los casos de subrogación ocurran así. Pero si hacemos un repaso a las asociaciones de padres por subrogación ¿cuántos han pagado por tener esos hijos? Independientemente de que la gestante lo necesitara o no lo necesitara: ¿cuántos niños han nacido por subrogación en procesos 100% altruistas? ¿Cuántas entrevistas hay hechas a padres por subrogación que explican cómo se han endeudado hasta las cejas para tener sus hijos? ¿Y cuántos no se han endeudado? Al final del debate en Telecinco una defensora de la subrogación preguntaba a los detractores si estarían a favor de que se legalizara de forma altruista, y se oyeron bastantes síes. Lo que nadie le preguntó a esa mujer era si ella estaría a favor de, una vez legalizada la subrogación en España, prohibir buscar gestantes en el extranjero.

Me voy a atrever a contestar yo: te dirán que no. Te dirán que claro, que las trabas burocráticas. Que claro, que en otros sitios es más fácil. La subrogación en España se volvería tan complicada como la adopción (como ocurre en Reino Unido) y empezarían las dudas sobre las garantías, las seguridades, los éxitos, los “paquetes cerrados”. Todo lo que una empresa te ofrece y el sistema público no. Y viendo que aunque todos digan que su primera opción era la adopción pero nadie se ha puesto a pelearse por conseguir un proceso más sencillo que favorezca al menor que tiene derecho a ser adoptado, dudo que renegaran a su “derecho” a irse fuera a buscar una gestante. Para simplificarlo todo. Por amor a los niños (los que no han nacido, los que ya han nacido que los adopte Madonna).

Hay una parte que encuentro muy cínica en los argumentos a favor y es cuando, por ejemplo, Tamara Gorro insiste en que su gestante no tenía necesidad de ganar dinero (pero lo ganó). Tú, Tamara, tuviste el privilegio de poder encontrar a una gestante que no necesitaba tu dinero (pero lo cobró); del mismo modo que yo puedo encontrar a un chico que se prostituya porque disfruta de su trabajo (por el que gana dinero). Pero eso no puede servir para invisibilizar la dura realidad de la gestación subrogada o la prostitución: que en la inmensa mayoría de casos son mujeres a las que se fuerza a ello. Puede ser una fuerza resultante de la trata de mujeres, de una sociedad de consumo, de un ambiente familiar, de una economía empobrecida. Y la única forma de luchar contra eso es legislar únicamente la gestación altruista EN EL PROPIO PAÍS, asegurando los derechos de todas las partes implicadas (sobre todo los del bebé) y prohibir cualquier tipo de transacción económica (salvo los gastos médicos). Dejar la puerta abierta a subterfugios para “simplificar” el proceso, es dejar la puerta abierta a la explotación.

Es decir: ¿los españoles vamos a Ucrania a buscar madres subrogadas porque las mujeres ucranianas llevan en sus genes el altruismo hacia la infertilidad española? No. Vamos a Ucrania porque es más barato que ir a Estados Unidos. Y las mujeres ucranianas no gestan a nuestros bebés porque les encante, porque sea una experiencia maravillosa, lo hacen porque necesitan ese dinero que estamos dispuestos a pagarles. El proceso ha pasado a crear un sistema en el que un privilegio se impone sobre la necesidad. No hay igualdad de condiciones, porque en igualdad de condiciones no es tan fácil encontrar gestantes altruistas.

Leía en Twitter a alguien argumentar por qué el debate de la gestación subrogada es tan actual, y por qué no es casual que surja en un momento en el que prácticas aberrantes como el robo de bebés o la venta de infantes están erradicadas en Europa. El problema de la gestación subrogada, en su inmensa mayoría, es que se trata de la clase privilegiada imponiendo las reglas del mercado a la clase menos privilegiada. Por supuesto que hay casos de altruismo, pero son casi inexistentes; y el altruismo se puede regular sin necesidad de regular todo lo demás; y ese “todo lo demás“, que no te engañen, es lo que el capitalismo quiere regular. Por que ahí hay negocio. Negocio como el que hizo la madre subrogada de Kiko Hernández, o la de Tamara Gorro. ¿Altruismo con dinero de por medio? Es tan altruista como donar a una ONG que ni sabes lo que hace porque desgrava.

Así que con todo eso sobre la mesa lo siento pero no, no puedo estar a favor de la gestación subrogada en los términos en los que muchos queréis que esté. La única subrogación éticamente válida para mí es aquella en la que no hay ningún tipo de transacción económica salvo la que cubre los gastos derivados del embarazo. Y espera que te veo venir: por supuesto que estoy a favor del derecho a decidir de la mujer. No tengo que hacer malabarismos para estar en contra de la gestación subrogada y a favor del aborto: ambas cosas van de la mano. A ninguna mujer se le paga por abortar; a la libertad de la mujer no se le puede poner un precio.

Probablemente el chico que me escribió por Twitter está decepcionado al ver que no voy a ser yo el que intente convencer a PSOE o a Podemos de que cambien su postura frente a la gestación subrogada. No puedo hacerlo, porque no puedo estar a favor de legalizar algo con tantísimas zonas grises; una práctica que antepone el deseo de ser padre a todo lo demás. Ni siquiera regulando hasta la última coma. No puedo defender que la mujer reciba dinero por gestar a un bebé sabiendo que abrir esa puerta implica dejar paso a las normas del mercado capitalista (el mismo que vende semen a la carta) para regular algo que debería estar tan protegido como la infancia, el parto o la propia paternidad. No puedo decirte que me parece una buena solución, sabiendo que crea más problemas.

Pero, sobre todo, no puedo permitirme el lujo de partirme la cara para afianzar aún más nuestros privilegios; cuando hay tantísima gente en el mundo y dentro de nuestro propio colectivo que necesita que los olvidemos de una vez por todas.

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