• Un grupo conservador protesta por una ley que protege a los mayores LGTB de California al considerar que al respetar su derecho a la “intimidad sexual” los asilos se van a convertir en burdeles.

Si hay una cosa que me fascina de los cristofrikis (a los que también conocemos como Vaticaners) es su asombrosa capacidad para relacionar conceptos y que parezca que ellos mismos creen que lo que dicen tiene algún sentido.

Resulta que en California, que es uno de los estados unidos de América con leyes más progresistas en cuando a la protección del colectivo, quieren aprobar una ley que proteja a los mayores LGTB de la discriminación en los asilos. Básicamente, la LGBT Care Home Residents Bill (la SB219) quiere proteger a los residentes de ser discriminados “en base a la orientación sexual, identidad de género, expresión de género y estado serológico de las personas“.

Y ya sabes lo que pasa cuando se presenta una ley que protege a alguien de la discriminación: que el que discrimina se queja y, por norma general, lo hace de la forma más absurda posible.

El grupo LGTBfóbico conservador Pacific Justice Institute ha enviado una carta en la que se declara totalmente en contra de esta ley porque, básicamente, los centros de cuidados a mayores se van a convertir en burdeles. Sí, así. En burdeles. Pero ojo, burdeles homosexuales. Los heteros no hacen esas cosas.

Dicen los del Institute éste que la SB219 obligará a los “centros de cuidado religiosos a lidiar con temas referentes a la intimidad sexual y la biología. La SB219 prohíbe a un centro de cuidado restringir el ‘derecho a la intimidad sexual’ de los residentes, lo que incluye poder recibir visitantes. Las instituciones conservadoras religiosas normalmente mantienen la visión de que las relaciones sexuales están limitadas a un hombre y una mujer que están casados el uno con el otro. ¿Es la posición del Creador que una residencia Católica tenga que permitir a sus residentes tener relaciones sexuales con quien quieran? Tal arreglo se parece más a un burdel que a un centro de cuidados religioso.

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Por si lo de llamar putones verbeneros a los mayores LGTB en los centros no fuera suficiente, también sacan a pasear la transfobia al afirmar que si se obliga a las pobres monjas y trabajadores a respetar la identidad de género y los nombres elegidos por los residentes se estará quebrantando su derecho a… Exacto, la libertad de expresión. Pero por si eso fuera poco, la carta asegura que hay muchas personas mayores que “pueden tener delirios, y que esos “delirios” no deberían ser impuestos sobre los cuidadores.

Desde aquí os invitamos a poneros en contacto con el Pacific Justice Institute y enviarles muchos flyers de burdeles y prostíbulos, que parece que es un tema que les apasiona. Y también a que, entre todos, les mandemos a la mierda y permitan que las personas mayores disfruten de su libertad y su sexualidad y su identidad como les dé la gana.

Que ni 2017 es 1950 ni California es Cuéntame.

Fuente | Pink News