Una comedia bien dirigida e interpretada pero con un texto mejorable.

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En Estoy Bailando jamás nos cansaremos de alabar el trabajo de los actores y actrices de nuestro país. El nivel es tan alto que,  aunque el texto que interpreten sea flojito o la dirección acuse de falta de brío, la pasión, el control, la consciencia y el magnífico hacer con lo que estos profesionales se entregan al escenario es digno de asombro y de aplauso. Vaya esto por delante y, por detrás, destacar esta muy divertida obra sobre parejas, pares sueltos, confusiones sexuales, cambios de roles y de identidad sexual, interpretada con buen pulso, dirigida con acierto y presentada al público de manera fabulosa. Tania Martín Watson, Laura Río, Quim Ramos y Karlos Klaumannsmoller interpretan a varios personajes en una serie de sketchs que tienen su mejor baza en la rapidez de palabra y movimiento, la confusión sexual, las escenas cuando uno está practicando el asunto o la moderna forma de ligar mediante aplicaciones.

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De izquierda a derecha Quim Ramos, Laura Río, Tania Watson y Karlos Klaumannsmoller.

Así, se suceden estas cortas historias que relatan las aventuras de una pareja consolidada o que se acaba de conocer o que no se entiende del todo, explotando eso tan manido y tan complicado de las diferencias entre hombre y mujer… y entre mujer y mujer y hombre y hombre. Los episodios divertidos, llenos de gracia y ritmo, dan lugar a un grand finale esplendoroso y espectacular que supone todo un acierto y una sorpresa.

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La obra demuestra que nos creemos muy modernas pero, al final, lo que queremos todas es casarnos y tener niños.

Hemos empezado esta crítica  destacando la espléndida labor de directora, actores y actrices, ahora vamos a destacar lo que creemos que podría ser mejorable.

En primer lugar, uno de los segmentos de Karlos Klaumannsmolleres es, digamos…. esperpéntico. El actor, también el responsable de la adaptación del texto y productor de la obra (y el único actor que repite temporada), es canario, se nota porque borda el acento pero… ¿ir vestido de mago a una cita a ciegas y regalar un chorizo a la chica?

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Tampoco es creíble otro personaje interpretado Klaumannsmoller, el de un vegetariano al que no se le levanta por eso, porque solo come ensaladas dispuesto a volver a comer carne y traicionar sus creencias ¡por un polvo!

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El cartel de la obra.

Otra cosa a revisar es el segmento relativo a lo de las relaciones sexuales con varios animales. El presentar casos de zoofilia en una obra artística siempre es delicado pero, si no se hace bien puede resultar desagradable, poco elegante y a todas luces desafortunado. Ya Woody Allen hizo algo parecido, también con muy malos resultados, en uno de los sketches de su película Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar, si bien en aquella ocasión la inclusión de ese segmento podría tener una disculpa, esta escena resulta un desacierto. Para descargo de productor-adaptador, directora (Chos), actores y actrices, esta obra es una versión española de la pieza Romantic Fools del norteamericano Rich Orloff, que fue estrenada en Estados Unidos en 2002 y que cuenta con una adaptación anterior en España, de mano de la compañía 2Inconscientes, en 2010, que fue un éxito y duró varias temporadas.

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Ven al teatro que te lo vas a pasar mejor que bien, tontina.

A pesar de sus defectos, se trata de una obra excelentemente bien dirigida e interpretada, que pretende, y lo consigue, hacer pasar un estupendo rato al respetable y, cómo no, hacerle pensar en sus filias y fobias sexuales.

FICHA:
La guerra de los sexos. Compñía La Regadera.
REPARTO: Tania Watson, Laura Río, Quim Ramos y Karlos Klaumannsmoller.
DIRECCIÓN: Chos.
ADAPTACIÓN: Karlos Klaumannsmoller, según la obra Romantic Fools de Rich Orloff.