Casi tres décadas después de Paris is Burning la escena del Ballroom sigue muy viva en Nueva York y este documental se adentra en ella para mostrar quién y qué hay detrás de los maravillosos bailes.

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Han pasado 27 años desde el estreno de Paris is Burning, pero la escena del baile y el voguing que retrataba el documental de Jennie Livingston sigue igual de viva. Y en plena era de la globalización, tal vez podríamos decir que incluso más viva. Porque mientras Paris is Burning retrataba la cultura de baile del Nueva York de finales de los 80, ahora esa cultura se ha ido extendiendo por todo el mundo y es habitual encontrarnos competiciones de voguing en ciudades como Madrid o Barcelona.

Kiki (no confundir con la película de Paco León ni con la canción de los Scissor Sisters), realizado por Sara Jodernö y Twiggy Pucci Garçon, vuelve a plantar una cámara en la escena de baile underground de Nueva York; un lugar en el que los jóvenes LGTBQ (especialmente los negros y latinos) encuentran una comunidad que les protege y les valora por ser tal cual son. Esos jóvenes han abrazado la cultura del Ballroom y le han dado su propia personalidad, algo que veremos a través de los ojos de siete personas que forman parte de la comunidad Kiki. Sus bailes, sus ensayos, sus coreografías son la parte central del film y, a la vez, son la vía de escape de estos jóvenes que luchan contra la pobreza, la falta de un hogar, las enfermedades o la heteronormatividad.

Como explican en la web oficial de la película, “las espectaculares fiestas Kiki, una parte básica en la subcultura Kiki, ofrece a los bailarines un lugar seguro y empoderador para adoptar diferentes formas de expresión de género, incluyendo una feminidad estilizada que si adquirieran en las comunidades en las que crecieron, provocarían el ridículo y la violencia.” Además la cineasta sueca Sara Jodernö ha tenido acceso total a la cultura Kiki y muestra cómo estos jóvenes han formado sus propias familias, cómo luchan contra el VIH y cómo les animan a seguir defendiendo su verdadera personalidad.

La crítica lo está poniendo por las nubes y, claro, nosotros nos morimos de ganas de verlo.

Por cierto, desde hace unos días puedes ver Paris is Burning en Netflix. No sé qué haces aún leyendo esto que no estás sentada delante de la tele viéndolo.

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