Te sorprenderá que use las comillas en el “maricón” del titular en una web en la que no tenemos reparo en usar la palabra constantemente, porque estamos muy orgullosos de ser maricones. Pero en este caso es importante marcar la diferencia, porque estamos hablando de un “maricón” con un significado muy distinto al que le damos nosotros.

En abril de este año Gerardo y tres amigos caminaban por la calle Montera de Madrid cuando se cruzaron con dos energúmenos que decidieron joderles la noche. Uno de los dos tíos le dio un puñetazo a uno de los chicos mientras le insultaban, y más tarde, como cuenta Gerardo a ElDiario.esvolvimos a encontrárnoslos y comenzaron a darnos puñetazos a otros dos. La última fue camino de comisaría, en la que dieron patadas al otro que todavía no habían tocado“.

Lesiones en la nariz, las piernas y las cervicales. Y todo eso ocurría mientras los agresores les gritaban “maricones de mierda“.

La jueza del Juzgado de Instrucción Nº39 de Madrid ha decidido que detrás del “maricones de mierda” no había ninguna motivación homófoba, sino que la expresión “podría ser en su caso constitutiva de una falta de vejaciones injustas o injurias, que ha quedado despenalizada con la freforma operada en el Código Penal“. Según esa jueza a Gerardo y sus amigos les pegaron una paliza porque sí, aunque los agresores con sus insultos dejaran claro que les estaban pegando por “maricones de mierda“. Esa jueza no ve homofobia por ninguna parte, no hay delito de odio, así que el agresor condenado sólo tendrá que indemnizar con 250 euros a cada una de las víctimas.

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Con 149 agresiones contabilizadas en Madrid en lo que va de año, sorprende que la jueza se pase por el forro el “maricones de mierda” y le plante al agresor una multa menor que la que te puede caer si vas bebiendo una cerveza por la calle. Este tipo de condenas de mierda y la poca formación en delitos de odio de los funcionarios lleva a que, como explica Rubén Lodi, las víctimas de agresiones no sólo no denuncien sino que prefieran dejar pasar el tema.

Si te escandaliza este caso además de ser una persona mentalmente sana vas a escandalizarte aún más con lo que le ocurrió a Taj Patterson.

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Taj fue atacado por cinco hombres la mañana del 1 de diciembre en Nueva York. Mientras le apalizaban también profirieron varios insultos homófobos. Un testigo declaró que los atacantes parecían pertenecer a la  Shomrim, un grupo de vigilancia vecinal formado por judíos ortodoxos.

La policía detuvo a los cinco hombres pero dos de ellos, Pinchas Braver y Abraham Winkler, tuvieron la “suerte” de que no se les acusó de un delito de odio sino de uno de “asalto”, por el que se enfrentaban a una posible pena de 25 años de cárcel. Por desgracia, Braver y Winkler aceptaron un trato de la fiscalía y se declararon culpables de un delito de “detención ilegal”, lo que ha hecho que su condena se reduzca a… nada. No pisarán la cárcel, cumplirán horas de servicio comunitario en “barrios culturalmente diversos” (una condición de la que intentaron librarse para trabajar sólo con niños judíos) y pagarán una multa de 1.400 dólares a Patterson.

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Otro de los hombres acusados no aceptó el trato y está pendiente de un juicio que se celebrará la semana que viene.

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Por cierto, Taj Patterson sufrió en la paliza un desprendimiento de retina que le ha dejado ciego del ojo izquierdo.

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Lo más escandaloso es que, según la legislación de Nueva York, llevar encima 250 gramos de marihuana conlleva una pena de año y medio de prisión. Sale mucho más barato dejar ciego a un “maricón”.

Pero no son los únicos casos en los que hemos visto cómo agresores homófobos se van de rositas. Hace unos meses la policía detuvo a tres personas por asaltar sin más motivo que su orientación sexual a una pareja de chicos en Filadelfia. Dos de los acusados no fueron a prisión y cumplieron sólo una pena de libertad condicional; la tercera asaltante (hija de un Sheriff, por cierto) rechazó el pacto y acabó siendo declarada culpable y encerrada en prisión; aunque su pena no llegó a los 10 meses y saldrá en breve.

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