Sylvester's 1978 album Step II resulted in a couple of smash singles, "Dance (Disco Heat)" and "You Make Me Feel (Mighty Real)."

Homosexual, travesti y gran cantante, Sylvester es una estrella LGTB a reivindicar

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Recordemos la figura de este gran artista olvidado, Sylvester; negro, marica, dedicado a la farándula y cantante de música disco, ¿quién da más?
Muerto de SIDA en 1988 a la edad de 41 años, Sylvester disponía de una voz única, en falsete, macerada de joven en grupos de soul y R&B en su Los Angeles natal hasta pasarse al disco a finales de los 70 con esta canción, You Make Me Feel (Mighty Real), que fue un auténtico triunfo y que todo fan de la música mayor de cuarenta y cinco años recordará.

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El single holandés de 1978. (Recordamos a nuestras estimadas amigas que los singles americanos e ingleses no solían, en aquella época, tener portada).

¿Pero quién era este señor de delicada mirada misteriosa, aficionado a coleccionar pelucas (y a ponérselas), a vestirse de mujer y calzar taconazo? Nuestro héroe Nuestra heroína había nacido en Watts, L.A., en 1947, como Sylvester James Jr., en el seno de una familia negra de clase media-alta, pero tenía mucha pluma, lo cual provocó que su madre y padrastro lo rechazaran y se fuera con su abuela que tenía muchos amigos gays en los locos años 20.

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Un Sylvester de dieciocho años que ya sabía perfectamente quién era y lo que quería.

Ya de jovenzuelo sintió la llamada de la farándula y pasó a formar parte en un coro gospel de su barrio, destacando pronto por su arrolladora personalidad y su magnífica voz. Pero claro, Sylvester no tenía pelos en la lengua y a todo el mundo le decía que era mari y le gustaban los hombres y eso en la iglesia estaba muy mal visto, a pesar de que la mayoría de los curas son maricones alguna vez le habrán dado al mete-saca, eso sí, fuera del alcance de los ojos del Señor. Total, que Sylvester se fue sin tan siquiera despedirse del coro y se enroló, solo para joder (en todos los sentidos), en un grupo de gays y travestidos que solían vestirse de negro y liarla por ahí: The Disquotays. Pero esta banda pronto se disgregaría. Una noche turbulenta, Sylvester conoce a otro hombre negro vestido de mujer. que se siente atraído por la personalidad y las pintas de Sylvester y le propone unirse a otro grupo de hombres-vestidos-de-mujer que animaban las discotecas de San Francisco: The Cockettes. Y para Frisco se fue Sylvester. Corría, ejem, el año 1970.

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Sylvester en su época con las Cockettes, en 1970. ¿Dónde está Wally?

El espectáculo de las Cockettes consistía básicamente en vestirse como Etta James y cantar canciones de grupos de chicas de la Motown, pero nuestro Sylvester destacaba, una vez más, sobre todas, por su voz  peculiar y fuera de serie y por vestirse con clase: mientras sus compañeras parecían putas baratas del Bay Area, Sylvester optó por maquillarse y ponerse elegantes trajes de mujer bonita de la alta sociedad de décadas anteriores, como uno de esos travestis que su abuela conoció en los años 20. Pronto atraería la atención de promotores de otras salas gays del bullicioso y libertario San Francisco de principios de los 70, como los dueños del Palace Teather, que contraron a Sylvester con la condición de que hiciera su propio show. Su éxito fue exponencial y llegó a salir nada menos que una reseña de su espectáculo en la prestigiosísima revista musical Rolling Stone, donde se le propinaban elogiosos epítetos como “una andrógina belleza negra”.

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“Lo que me costó conseguir esta pose de Claudette Colbert”.

A pesar de su éxito en solitario, Sylvester no abandonó a las Cockettes, es más, se fue con ellas a Nueva York, donde fueron contratadas como la “gran sensación de la Costa Oeste”, llegando a actuar delante de lumbreras como Andy Warhol. Sin embargo, el número de Sylvester brillaba con luz propia en el show de las Cockettes, que era más bien chabacano. El público y las crónicas de la época destacaban la actuación de Sylvester como lo mejor de un show lamentable y el propio cantante hubo de disculparse varias veces delante del respetable pues sus compañeras, a menudo, aparecían borrachas en el escenario o protagonizaban toda clase de escándalos en las discotecas de N.Y. después del show.

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“¡Ay”, ¿qué voy a hacer yo con estas locazas? ¡Mi carrera! ¡Mis admiradores!”.

Las Cockettes se disolverían en 1972, incapaces de soportar tanto disparate y Sylvester, que era más sosegado y quería una carrera profesional, decidió alejarse de la boca de lobo que era N.Y. en aquella época y volver a San Francisco. Allí seguiría actuando con mucho éxito pero corría el riesgo de no pasar de celebridad local. Un periodista de la citada Rolling Stones le propone grabar un disco y Sylvester hace algo inesperado: contrata a una banda de chicos hetero, blancos y barbudos y decide grabar canciones de corte rock y funk, muchas de ellas versiones. Un grupo de peludos que hacían rock y que tenían como cantante a un travesti negro, de agudísima voz, vestido como una vamp de los años veinte era muy raro, así que ninguna discográfica quiso sacar el disco.

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Sylvester con su grupo de chicos blancos, hetero y peludos The Hot Band, en 1972.

En ese 1972 Sylvester y su banda, The Hot Band, telonearon nada menos que a David Bowie en un concierto en San Francisco. El cantante inglés todavía no era una celebridad mundial y el show de Bowie no fue un éxito, sin embargo, el Delgado Duque Blanco se mostró encantado con Sylvester y, tras la actuación, que registró media entrada, declaró: “Ya sé por qué mi concierto no ha vendido bien aquí: ¡San Francisco no me necesita a mí teniendo a Sylvester!”. Al final el contrato discográfico llegó, pero Sylvester no vendió, a pesar de sacar un espléndido álbum como Bazaar, en 1973.

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A ver, Sylvester, nena, que el mundo del show biz es cruel y despiadado y tú, demasiado guapa.

Desesperado de la vida, Sylvester ve cómo se le pasan los años en decisiones equivocadas. Estamos en 1977. Una nueva mánager le sugiere que tenga una pinta menos… estrafalaria y Sylvester accede: se quita la peluca, el maquillaje y los vestidos de mujer, trocando su imagen por el de un joven chico negro con un austero y elegante traje oscuro con camisa blanca. De esta guisa conseguiría un contrato con Fantasy Records (la discográfica de Creedence Clearwater Revival, wow yeah), graba un álbum, Sylvester, con un fuerte raigambre disco y dos estupendas “mujeres grandes y negras” a los coros, Martha Wash e Isidora Rhodes, llamadas artísticamente Las Supremas de Frisco Two Tons O’Fun. Estas magníficas cantantes, con otro nombre, The Weather Girls, tendrían un éxito sideral en 1982 con otro himno gay: I’ts Raining Men, pero esa es otra historia.

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“Pensar que yo saqué del arroyo a estas dos zorras y van y me quitan protagonismo…”.

Ahora sí. Era el momento de despegar artísticamente. Nueva imagen, orientación musical, colaboradores… Sylvester, que compone su propia música, se rodea también de colaboradores en la escritura de canciones y con esta nueva proyección vendría lo que sería su álbum más famoso, Step II, 1978, afianzado ya totalmente en el disco-sound. Este L.P. dispararía el super-éxito comercial de You make me feel (Mighty Real).

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El álbum “Step II”, de 1978, que contenía el mega-éxito “You make me feel”.

Este tema tiene el honor de ser una de las primeras canciones disco en beneficiarse de los hallazgos del punk y la new wave, que explotaron un año antes, 1977, en Estados Unidos y Gran Bretaña. Siguiendo el ejemplo de Giorgio Moroder y sus sintetizadores último modelo para la canción I Feel Love de Donna Summer en 1977, el productor de Sylvester, Patrick  Cowley, cogió un tema de corte clásico de gospel y le dio ese ritmillo y ese fondo de sintetizadores à la Kraftwerk que la convirtió en un exitazo, llegando a ser un auténtico ejemplo del disco synth que tanto daría que hablar en años siguientes y que derivaría en una fusión del disco con la música techno, dando una cantidad de artistas incomparable.  Y la vida de Sylvester como diva disco se disparó. Después de este vendrían más álbumes superventas, Stars o el espectacular doble directo Living Proof. Y hasta el final de su vida no dejó de tener éxitos, propios y ajenos, como Menergy, el Living for the city de Stevie Wonder o Someone Like You, en 1986.

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La primera vez que leí sobre Sylvester fue en 1979, a raíz de la publicación de su álbum “Stars”, en la sección de música del Hola que mantenía, ay, Tico Medina.

Fue en ese 1986 cuando su pareja, Rick Crnamber, descubrió que tenía lo que entonces se llamaba GRID (Gay Related Immune Deficiency), sucumbiendo en ese mismo año a la enfermedad y dejando a nuestro querido Sylvester hecho polvo. Sylvester contrajo también el SIDA. Desde el primer momento se negó a tomar medicinas por los efectos secundarios que producía. Sin embargo, desde entonces se convirtió en un activista contra el SIDA dando conferencias y entrevistas donde decía que esta enfermedad “no es de negros ni de homosexuales ni de drogadictos ni es una plaga de Dios; se le achacan demasiadas cosas a Dios”, como queriendo dar idea de que la enfermedad no era en absoluto cosa divina sino que “alguien” la puso allí a propósito. Ya cada vez más enfermo, Sylvester aún tuvo fuerzas de asistir al Orgullo Gay de San Francisco en 1988, en silla de ruedas. Ese mismo año moriría.

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Un musical muy merecido y justo a tiempo.

Y acabamos de saber que en Broadway se ha estrenado Mighty Real, un musical basado en la vida, obra y lucha de Sylvester, con la estrella Anthony Wayne en la piel del divo. Que esto sirva para relanzar las fabulosas canciones de un gigante de la música sin etiquetas que, decididamente, corren el riesgo de ser engullidas por la última moda queer.

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Con semejante ejemplar de protagonista somos capaces de ir a gatas hasta Broadway.

 

  • zh

    Muy buen articulo, pero es una pena ver como poneis a caer de un burro a las Cockettes, cuando en realidad pocos colectivos has sido tan influyentes para la escena underground como este. Hasta Divine hizo sus primeros pinitos en este colectivo. Os recomiendo ver el documental “The cockettes” del 2002.

  • Jose Juan

    Grande Sylvester y una pena que la gente ahora no sepa ni quien era.