1986. El punk resultó que se sofocó a sí mismo y acabó siendo pasto del mainstream (“moda punk en Galerías”, que decían los insufribles La Polla Records) y la new wave estaba también prácticamente aniquilada sin ser capaz de producir nuevos grupos ni éxitos y cuando las estrellas que salieron de su arco se habían convertido en grupos superventas o habían desparecido sin dejar rastro. Este caldo de cultivo (o este páramo desolado) sirvió para la aparición de lo que se empezó a llamar entonces música alternativa o música independiente (indie). Aunque los sellos independientes (esto es, fuera de las grandes discográficas) existieron desde los años cincuenta, es en esta mitad de los ochenta cuando la etiqueta se extiende a la música y a las bandas. Dos focos serían en el Reino Unido los que, principalmente, partirían con la pana en esto de la música indie: el eje escocés Edimburgo-Glasgow y la ciudad inglesa de Manchester (que, poco después se dio a conocer como MaDchester, pero eso es otra historia). En Manchester nacerían los Smiths.

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The Smiths, Mike Joyce (batería), Morrissey (voz), Andy Rourke (bajo) Y Johnny Marr (guitarra), recién salidos de la floristería.

The Smiths estarían formados por el guitarrista Johnny Marr, genio de las seis cuerdas y fan del rock and roll cincuentas y de los grupos de chicas soul de los sesenta; la rocosa (e imaginativa) sección rítmica formada por Andy Rourke, bajo y Mike Joyce, batería, con los que hubo no pocos problemas y el gran Steven Patrick Morrissey, más conocido solo por su apellido, cantante de gran altura, peinado que desafiaba a la ley de la gravedad, cara casi acromegálica y una afición curiosa por vestir camisas horteras varias tallas mayor a la suya. Además, nuestro cantante era un hater convicto y confeso del mal gusto y la vulgaridad, proclamando su desmedida afición por el arte y la literatura y admitiendo su obsesión por Oscar Wilde.

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Un jovencito Moz en plena intoxicación de Oscar Wilde.

Morrissey, además, era (ya no tanto) un show-man pocas veces visto: histriónico, apasionado, de ademanes y modales “suaves”, poses de marica antigua… cantaba con su voz de bajo-barítono letras ambiguas y depresivas sobre pobres chicos con problemas sentimentales que son condenados por familia, amigos y sociedad por ser diferentes o por no seguir la norma. Si bien nunca se pronunció sobre su sexualidad, Moz, como es “cariñosamente” apodado por sus fans, tiene una implícita “cara oculta” y no acaba de decidirse ni de dejar claro, si sexualmente es de izquierdas, de derechas o ambidiestro. Vamos, como un Raphael, Miguel Bosé o Bumbury: malabaristas de lo ambiguo y expertos en jugar con el público.

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“Ay, de verdad, que no soy gay; soy “humasexual”.

Cuando apareció There is a Light that never goes out, perteneciente a su álbum The Queen is dead,  The Smiths llevaban ya dos elepés a sus espaldas y una reputación como aladides del nuevo pop-rock, directo y crudo en instrumentación, de corte bailable  y con letras culturetas sobre soledad, angst adolescente (aunque ya no eran unos niños), dudas no resueltas y ambigüedad convicta y confesa. Sus primeros éxitos, This charming man, What the difference does it make, William it was really nothing, How soon is now, ahondaban en esos entresijos y esas dualidades de Morrissey. Las letras transmitían mal rollo pero no dejaban a las claras qué demonios quería decir Moz, aunque molar molaban, y la música, embebida del rock and roll primitivo, era el ambiente perfecto para que la voz profunda y amanerada de Morrissey cantara sus historias de pasión reprimida. La fama de los Smiths, de sus canciones y sus directos, fue creciente y llegó a todos lados, incluso a España, donde dieron un concierto en 1985 y fueron, ¡toma ya!, invitados al programa La edad de oro de Paloma Chamorro.

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Moz echando por su boca flores, Marr que no sabe si está aquí o en Nambroca y la Chamorro más perdida que Tintin en Vietnam.

There is a light that never goes out empezaba con una apertura de guitarra-bajo-batería clásica del sonido Motown de los setenta, mil veces imitado (por ejemplo, una obertura similar la recoge Bowie en su célebre Blue Jean) para luego entrar a saco la voz de Moz suplicando: Sácame fuera esta noche/donde haya música y gente joven/que esté viva y alegre. La guitarra de Marr, dibujando esos arpegios “sueltos” tan del rock de los cincuenta, y la poderosa sección rítmica de Rourke/Joyce poniendo la base y la autoridad precisa para que Moz y Marr puedan lucirse. La canción sigue su dramático, mas bailable, caminar y la letra de Moz continúa con su ruego, diciéndonos que quiere perderse con ese chico en su coche, que lo lleve a donde sea, que le da igual, que solo quiere mantenerse lejos de su casa y de sus padres y que: Si un autobús de dos pisos chocara con nosotros/morir junto a ti sería una bella manera de morir. Los sintetizadores de Marr, imitando a una orquesta de cuerda e instrumentos de viento, pone el punto “casero” a esta canción hacia su mitad, subrayando el estribillo y así va llegando el tema al final, cuando Moz parece que recupera la esperanza en el género humano sentenciando que: Hay una luz que nunca se apaga.

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Francia fue el único país que sacó “There is a light that never goes out” en single en su época, 1986.

Siendo, desde el mismo momento de su concepción, un éxito inmediato y el buque insignia de los Smiths, There is a light that never goes out no salió como single en su momento (aunque sí en Francia, solamente, en ese mismo año de 1986), teniendo ese favor otros temas del álbum. Este error fue subsanado, en parte, y ya a toro pasado, con un 7 pulgadas (7 pulgadas en un single, nena, no te vuelvas loca) en edición internacional que vería la luz en 1992, años después de la disolución de la banda. La canción ha contado con no pocas versiones, como es natural, entre ellas la de nuestro querido Mikel Erentxun (Esa luz nunca se apagará) prueba de fuego de la que, contra todo pronóstico, Erentxun salió bastante bien airado.

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Que sí, Mikel, que te queremos todas, aunque no te parezcas a Morrissey ni en el mear.

The Smiths se disolvieron justo un año después de este gran éxito, en 1987, tras un disco, Strange days here we come, que tuvo sus más y sus menos y después de cuatro álbumes y una veintena de singles, muchos de ellos no incluidos en sus elepés, y que son considerados tan importantes como sus larga duración. Problemas internos y, sobre todo, la gran antipatía entre Morrissey y el batería Mike Joyce, a lo que había que añadir la adicción a las drogas del bajista Andy Rourke, fueron los causantes de dicha disolución. Moz empezó casi inmediatamente una fulgurante carrera en solitario que lo llevó al estrellato y, tras un hiato de unos siete años, tuvo una vuelta sonada con You are the Quarry, en 2004, y yo pude verlo en directo en Ámsterdam en 2006 y es una cosa que jamás olvidaré. Johnny Marr ha tenido una vida profesional un poco dispersa, aliándose primero con la banda The The; montando su propio conjunto, The Healers, con escaso éxito y recalando en los últimos años en el grupo Modest Mouse, a los que también tuve la fortuna de ver, con Marr al frente, en el Primavera Sound de Barcelona en 2007, en una actuación apabullante. Del batería Mike Joyce y del bajista Andy Rourke hace años que no sabemos nada.

http://youtu.be/s1XpjiGa7V8