Hay pocas cosas que hayan revolucionado el mundo gay tal y como lo conocemos. De hecho, y esto te lo puede contar bien cualquiera que naciera antes que Cobi, últimamente estamos que no hay quien nos reconozca. Antes nuestra única posibilidad de ligar era ir a un bar, a una asociación o a una discoteca. Entonces llegó Internet y todos nos echamos un novio que vivía en el quinto coño que, además, en el 90% de las ocasiones no era el tío que decía ser.

Con las webcams la cosa empezó a ser un poquito más veraz y ya no era tan fácil que te la colaran, pero sí que te la metieran. Doblada. O no. Y entonces llegaron los smartphones. No sabemos de quién fue la idea de ponerle una cámara y un GPS a los teléfonos, pero está claro que su aportación a la cultura del sexo y el ligoteo ha sido tan importante como la de Einstein a la física, la de Fleming a la medicina o la de La Pelopony a la música. Y así aperció Grindr, un caballo de Troya que llegó dispuesto a arrasar con cualquier idea que tuviéramos hasta entonces sobre cómo ligar, cómo conocer gente o cómo echar un polvo. De repente tenías en tu mano un listado detallado de tíos ordenados de más cercano a más lejano, buscando exactamente lo mismo que tú. O no. Porque se supone que no todo el mundo busca lo mismo (aunque al final sea lo que encuentren).

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En Grinder: El Musical vas a conocer a cinco chicos (a los que entrevistamos el otro día, y sus vidas son un bolero) que, en teoría, no buscan exactamente lo mismo. Busco_Novio (Alberto Espinosa) es un yogurín inocente y bienintencionado que junto a su osito de peluche se pasa las horas buscando en la pantalla del móvil a un hombre que le ame. Culo_Tragón (Óscar Domínguez) no tiene tiempo ni ganas de buscarse problemas, así que deja claro lo que quiere hasta con el nick. Empotrador (David Teixidó) quiere meterla en caliente, aunque para hacerlo tenga que maquillar un poquito su vida. GymXGym (Joan Vall) no sabe escribir, pero es que el pobre se pasa tanto tiempo en el gimnasio que al final tampoco le hace falta. Y Discreto… bueno, lo de Discreto (Álex Marteen) es un cuadro de comedor en una casa rural de Cuenca en plena post-guerra; pero no le vamos a juzgar por ello porque bastante tiene con lo suyo.

Estos cinco chicos están enganchados a ella, a la app. A Grindr, encarnada por Miss Grinder (Irene Hernández): una fusión entre tu madre, tu mejor amiga y tu peor enemiga.

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Desde antes de que se abra el telón (de hecho desde antes incluso de que te sientes en tu butaca) comprobarás que ir a ver Grinder: El Musical no es la misma experiencia que ir a ver cualquier otro musical. Desde carteles que te avisan de que si te molesta la camiseta te la quites hasta azafatas que muy sonrientes te avisan de que si estiras las piernas en tu asiento puede que te quedes sin ellas. En cuanto las luces se apagan y se oye el “GRINDEEEEEEEEEEEEEER” (grito de guerra que se te acabará pegando y que yo ya no puedo evitar soltar cada vez que abro la app) empieza la fiesta. Porque la obra no deja de ser eso: una fiesta. Una orgía, más bien, de sexo, risas, guarradas, mala hostia, verdades como puños, puños que hacen fisting, culos, penes, pasivos, activos, sarcasmos que te harán daño y momentos que hasta te harán soltar la lagrimita.

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Hay que ser justos, Grinder no será la primera vez que vas al teatro a ver una obra que habla de un tema que te pilla tan a mano. Desde hace un tiempo tanto en Madrid como en Barcelona estamos viendo cómo cada vez hay más autores y más compañías que se atreven a presentar propuestas que bucean sin complejos en los entresijos del mundo mariconcil y no tienen miedo a exponer nuestras vergüenzas a otro público, el heterosexual, que aún no ha entendido por qué entre nosotros nos llamamos maricones con tanta alegría pero luego montamos una besada en un Burger King como nos lo suelte un guardia de seguridad. Y aunque es probable que tu prima la de Cuenca se pierda un poco con la trama, o directamente no se la crea, lo cierto es que todo lo que pasa en el escenario de la obra es dolorosamente verídico. Y tremendamente divertido. MUY divertido. Hacía mucho que no acababa con dolor de cabeza de tanto reírme.

Lo que hace que Grinder sea distinto a otras obras de temática gay que hemos visto (y nos han encantado) es el inteligentísimo uso de todos los recursos que tiene a su alcance. Desde un libreto que no para de darle vueltas con mucha ironía a los tópicos para acabar ensalzándolos (la disertación sobre el machismo inherente en el uso despectivo de la palabra “pasiva” es un juego maravilloso entre la crítica y el cachondeo) hasta una escenografía efectiva y sorprendente que en más de una ocasión acaba siendo el séptimo personaje de la obra (el uso de visuales es en ocasiones hilarante). A eso súmale unas canciones divertidísimas y sin ningún tipo de complejo, tanto cuando caen en la autoparodia (el número de las ITS, por favor, un MAX ya) como cuando homenajean de forma relativamente sutil a otros musicales como RENT (“-¿Dónde aprendiste a bailar el tango?“) o de forma no tan sutil a las divas maricas más trasnochadas. Y no, no estoy pensando en Marta, es que aún no puedo quitarme de la cabeza la idea de que Mónica Naranjo necesita ver cierta parte de la obra para entender por qué algunos últimamente no podemos evitar reírnos cada vez que anuncia algo.

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Pero la escenografía, el libreto, la música, las letras; no funcionarían si no tuvieran unos actores en estado de gracia y un director, Davo Marín, que le saca partido a todos y cada uno de ellos. Hay mil detalles en las interpretaciones, mil gestos que te harán necesitar ver la obra otra vez para recuperar todo lo que te perdiste mientras te reías a carcajada limpia. Cierto es que algunos papeles tienen mucho más juego que otros, pero eso es porque los tópicos a los que representan son exactamente así: no es lo mismo la historia detrás de un profesor de universidad pasivo como una puerta que anda desesperado porque le metan siete puños de golpe (pero lejos de la Uni, no sea que se encuentre con un alumno) que la de la musculoca que tiene suerte si en una palabra no se le cuela una falta de ortografía (hecho que, por cierto, da lugar a un número MÍTICO que hará que todo votante del PP se sienta orgulloso); pero es que en la vida real esos personajes son tal que así. Y aunque en algunos momentos la trama se vuelve algo tópica (y no como recurso humorístico) al final se agradece que el recorrido de los personajes no sea en vano y lo que les acaba ocurriendo tenga una razón de ser. Por muy loca que sea.

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Salvo a Miss Grinder, claro. Ella permanece ahí, inmutable, guiando tanto a los personajes como a los espectadores en un papel que es un puro caramelo (en forma de pene) y que Irene Hernández no sólo hace suyo sino que es capaz de robar la atención con cualquiera de las mil cosas que va haciendo mientras los cinco chicos van y vienen sin saber dónde van a acabar.

En definitiva, Grinder: El Musical no es que sea un musical diferente, es que es casi un género en si mismo. Te lo he dicho antes: es una orgía en la que es imposible que no te carcajees constantemente, en la que sentirás ganas de bailar y de gritar y de vivirlo como si te fuera la vida en ello. Y sí, saldrás con ganas de follar y de vivir y no volverás a usar ninguna app de ligoteo como lo hacías antes. Porque cariño:

#LAVIDAESLEFA

Estamos en @grinderelmusical y @bryton04 y @cualquierdavid ya están dándole al ídem. #LaVidaEaLefa

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Grinder: El Musical se representa en el Eixample Teatre del 2 de junio al 3 de julio. Puedes comprar tu entrada en Atrápalo.

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Y si esto te ha sabido a poco, mañana martes 7 de junio a las 23:00 tendremos a algunos de los chicos de Grinder en nuestro programa de radio #EBFM para hablar sobre la obra. Escúchanos en el 107.3 FM si estás en Barcelona o en cualquier parte del universo desde www.metrofm.es

Yo, Hidroboy, observando cómo el productor me explica el tamaño del sobre de dinero que me va a dar
Yo, Hidroboy, observando cómo el productor me explica el tamaño del sobre de dinero que me va a dar

Ficha Artística:

  • Miss Grinder: Irene Hernández
  • Empotrador: David Teixidó
  • Busco-Novio: Alberto Espinosa
  • GymxGym: Joan Vall
  • Culo Tragón: Óscar Domínguez
  • Discreto: Álex Marteen

Ficha Técnica:

  • Dirección: Davo Marín
  • Libreto: Serena Altair
  • Música: Álex Marteen
  • Coreografía: Carme Milán
  • Vocal Coach: Núria González
  • Ayudante de dirección: Joana Castellano
  • Escenografía y vestuario: Víctor Peralta
  • Visuales: Arnau Gallén
  • Producción musical: Pere Jurado
  • Iluminación: Miquel Llull
  • Fotografía: Nacho Juárez
  • Diseño gráfico: Andy Campoy
  • Producción ejecutiva: David Juli
  • Foto y vídeo: Marta Polo
  • Distribución: Cristina Reventós

 

  • Dani Jarque

    En Cuenca, durante la postguerra, se colgaba a Zóbel, Tapies, Saura, Chillida, Feito… y se construía el primer Museo de Arte Abstracto Español en las míticas Casas Colgadas. Artistas y obra que mientras se ignoraban en España, eran adoradas en la ciudad y publicadas en los medios de comunicación más serios del mundo del arte en Estados Unidos y Asia. Por cierto, la mayoría de estos artistas eran gays y vivían libremente sus amoríos en sus casas del casco antiguo de la ciudad.
    Espero que disfrutéis tanto de este documental sobre el tema, como hice yo el jueves en el estreno de Grinder, el musical.
    http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-colgados-sueno/1698538/