Un grupo de travestis, transformistas, drags y no sé quién más, porque llega un momento en que esto es un revoltijo más intenso que los que cocinaba mi ex-suegra sí, tengo un pasado, se han unido para ganarse la vida dignamente y llenar a su pueblo de arte, alegría y mucho brilli-brilli. Todas ellas forman el elenco de El Garbo, un club, un antro, un olimpo, un cabaret del siglo XXI en el que lo mismo te encuentras a soldados norteamericanos de una cercana base militar que al alcalde de la localidad o a un cura con un mix de María José Cantudo y Rihanna dentro de él. Pero esta pandilla se dedica a algo más que al espectáculo, tienen alma de políticas dentro de sí y están dispuestas a demostrar que la justicia social es algo de todos, que basta ya de la explotación de los pobres por los ricos, y que si ellas se han de conformar con bisutería de plástico, no van a ser más las señoras que se cardan hasta arriba sus melenas con chorros y chorros de leche laca.

EduardoMendicutti
Eduardo Mendicutti, el escritor, el artista, el ingenio hecho literatura.

Pero, ¿y esta locura a cuento de qué? Pues bien, Mendicutti está cansado del desprecio que muchas maricas modernas tenéis por vuestras mayores, renegáis de la pluma, de las no cachas, de la falta y del exceso de vello, de expresiones como divina, mira maricón, tócame el coño o qué fea que estás. Esta última sobre todo cuando os la dicen con sinceridad. ¡Y basta ya! Pero vosotras (sí, en femenino, vosotras), ¿quién coño os creéis que sois? Renegadas, bobas y desmemoriadas. Que sepáis que para poder lucir vuestros speedos en la playa antes hubo quien se tuvo que enfrentar a la policía, la iglesia y las malas gentes porque toda esa panda no nos dejaban vivir como queremos vivir, ¡en paz! Y esas fueron personas como las que Eduardo ha hecho protagonistas de Furias divinas. El día del orgullo es para muchos hoy sinónimo de lucir cuerpazo bailando en la calle, pero recordad que en el origen de todo, el 28 de junio de 1969 quien lanzó la primera piedra a la policía a modo de protesta fue un grupo de transexuales y travestis. Así que, ¡ea! maricones, menos tontería en el cuerpo y poneros de rodillas a honrar y venerar a los que se dieron de hostias para que vosotras podáis beber daikiris chupando en cuartos oscuros pajitas.

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Momento previo a chupar la pajita de un daikiri ¿¿??¡¡!!

Eduardo Mendicutti se suelta la melena y no solo deja claro lo que piensa de las mamarrachas del colectivo LGTBI, sino que también reparte a las políticas de todo pelaje (rojas, moradas, azules, naranjas y magentas). Con un estilo desenfadado, divertido y desvergonzado, repartiendo pullas a diestro y siniestro, mezclando legionarios con curas sobre el escenario,  cenas de alta sociedad con encuentros fugaces en los cuartos de baño, menciones estelares a la Pelopony y a las folklóricas de toda la vida, el playback de “esa marica es pasivaaaaa“,… ¿Ves como esta novela también habla de ti?

FuriasDivinas

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