Si te hablamos de Enrique Hinojosa probablemente tengas que ir a Google a ver si aparece. Pero si te hablamos de Shangay Lily, no te hará falta. Ya sea porque conoces su faceta como activista LGTB o porque la asocias a la revista Shangay (de la que fue creadora), Shangay ha sido uno de los pilares fundamentales del colectivo en nuestro país.

Hoy hemos despertado con la triste noticia de que Shangay Lily ha fallecido a los 53 años a causa de una larga enfermedad y, salvo a sus más allegados que conocían sus problemas de salud, la noticia ha pillado por sorpresa a todo el mundo.

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Muchos estáis compartiendo en redes imágenes y textos de la artivista (así se llamaba en su blog del diario Público, lo de inventarse palabras era su marca) y si una cosa está quedando clara en el día de hoy es que Shangay siempre fue (y lo seguirá siendo) un personaje polémico. A veces incómodo. Pero necesario.

Sus opiniones nunca dejaban a nadie indiferente, porque las expresaba con una contundencia brutal; a veces llevadas al extremo. Probablemente tú que estás leyendo esto en algún momento te enganchaste con ella en redes sociales o en los comentarios de su blog. Podías estar o no de acuerdo con lo que escribía, pero si algo caracterizaba a Shangay es que siempre, siempre, siempre argumentaba a la perfección su punto de vista y su opinión.

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Una de sus últimas cruzadas fue contra la mercantilización del colectivo LGTB, (hecho que denunció en la película Santa Miguel de Molina, que protagonizó en 2005) sobre todo una batalla en contra de antiguos amigos y aliados que habían cogido algo creado con intención de hacer ruido y le habían bajado el volumen para que no molestara a los que siempre andaban quejándose. En más de una ocasión desde esta web enlazábamos a sus artículos y ella nos devolvía el link porque coincidíamos, por ejemplo, en nuestra indignación por un Orgullo de Madrid que cada vez es menos orgulloso. El conocimiento que tenía Shangay de los tejemanejes tras la cortina de la gran fiesta de los gays (y no me refiero sólo al Orgullo) era una herramienta básica en la lucha contra una normalización que no pretende la igualdad de derechos si no el encaje forzoso de una realidad dentro de otra totalmente diferente; porque cuando algo no encaja más de uno se pone nervioso y el dinero deja de circular.

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Pero Shangay no sólo era una artivista que luchaba por los derechos de las personas LGTB; también era una ferviente feminista y una persona de izquierdas tremendamente comprometida. Su turbante se había convertido en un elemento más de las manifestaciones populares y era tan necesario y básico como las pancartas. Llamó “nazi” al Papa, escupió sobre un medallón de Franco en Salamanca en nombre de todos los maricas represaliados durante la dictadura, defendió la libertad de Alfon y tantas otras causas por las que se dejaba la piel.

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Muchos prefieren recordarla hoy (porque es más cómodo) como la creadora de las fiestas temáticas gays, con el ya mítico Shangay Tea Dance que se celebraba los domingos por la tarde en Madrid; o como la fundadora de la Shangay Express, la que fue la primera revista gay gratuita que se distribuyó a nivel nacional. (Revista que, para que veas cómo son las cosas, hoy le ha dedicado un pequeño post en Facebook con una imagen del Mago de Oz).

Fue uno de los primeros rostros del colectivo que se hizo popular en televisión con sus apariciones en programas como Esta noche cruzamos el Mississippi, Corazón de… o La Granja de los Famosos. Shangay era además escritora, dramaturga y actriz; y estaba a punto de publicar el ensayo “Adiós, Chueca” en el que planeaba plasmar su visión sobre cómo el famoso barrio de Madrid se ha ido transformando en los últimos años y cómo poco a poco está dejando de ser un lugar de libertad e igualdad para (como casi todo lo que acaba tocando el colectivo gay, gracias a ciertos colegas dentro del colectivo gay) terminar sucumbiendo al merchandising, el elitismo y la “normalización”.

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Nunca tuve el placer de conocerle en persona, y he de reconocer que el personaje creado por Enrique hace unos años me provocaba bastante rechazo. Admiraba su valor, su compromiso y su oratoria; pero sus formas rocambolescas y agresivas a veces me hacían perder la paciencia. Con el tiempo me acabé dando cuenta de que detrás de los “cristofascistas” y los “heteropatriarcado” que tantos escalofrías me daban al leer había una realidad que poca gente se estaba atreviendo a contar. Y de repente dejé de ver esas palabras cuando las leía y acabé haciendo mío (y por ende, de esta web) gran parte de su mensaje. En otras ocasiones, simplemente, coincidíamos en nuestra visión de las cosas.

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Por desgracia ya nunca podré sentarme a hablar con ella sobre todas esas cosas que nos indignan pero, a la vez, nos hacen plantearnos la vida con humor y mala leche.

Como dice el artista Ismael Álvarez en su muro, estés donde estés seguirás dando por culo.

Buen viaje, Shangay. Espéranos con una fiesta de las que solo tú sabías montar.

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  • Sylvan Coron

    Entre Zerolo y Shangay nos estamos quedando bastante huerfanos, no?

  • León Sierra Páez

    Estupendo artículo. Shangay es un valor vivo para quienes lo conocimos, la conocimos. En palabras de Shangay, seguimos y seguiremos incómodas comos quería; maricas de todos los países, unidas.