Julio Durán acaba de comenzar su último año en el San Agustín de Hipona. Cuando se gradúe, será un hombre hecho y derecho, un español como Dios manda. Pero no cuenta con que se pueden torcer sus planes. ¿Qué pasará si un estudiante modelo como él se enamora de uno de sus compañeros? ¿Podrá sobrevivir un amor tan especial a la intolerancia, los secretos y conspiraciones que asolan este internado masculino? Esta es la síntesis con la que se presenta esta novela que nos lleva a aquellos años de la dictadura en la que todo lo que se saliera del pensamiento único católico estaba condenado, no solo a no ser escuchado, sino también a ser agredido, condenado y encarcelado. Y como bien sabéis, la comunidad LGTB fuimos especial blanco de esta violencia.

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Bueno, es que, ya, si, es que, quizás, sí.

En El último año en Hipona se nos cuentan dos historias. Por un lado la de un internado católico en la que los muchachos eran sometidos a toda clase de vejaciones por parte del profesorado, fanáticos católicos y fieles seguidores de la doctrina franquista, inventores de un montón de monstruos inexistentes para justificar su poder mediante la tortura y los abusos físicos y psicológicos. Como esas que llevaban a la cárcel a dos hombres por besarse o a internados para curarse a niños como yo mismo que pudieran tener algún comportamiento identificado como plumífero. En la segunda parte, Roberto Carrasco nos traslada a los tiempos actuales, en los que vemos que las cosas han cambiado, y aunque hoy lo LGTB no ha de enfrentarse a la intolerancia, sí lo ha de hacer al tratamiento interesado que en muchas ocasiones hacen de nuestras cuestiones los medios de comunicación. Además de destacar la falta de querer mirar atrás de manera sincera para dar a conocer las brutalidades y horrores que durante décadas vivieron muchas personas.

Te in-Teresa
Amamos "Lo peor de todo es la luz" de José Luis Serrano
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Cómo me indigna todo esto, me pone de muy mal humor.

Al margen de lo que leer una historia así nos puede provocar, estamos ante un gran trabajo como escritor de Carrasco. La estructura que ha creado para contarnos los diversos acontecimientos, tanto los de hace varias décadas como de ahora, la manera de darnos a conocer la biografía de cada personaje, los giros que tiene la narración, llenándola de intriga y suspense, sin olvidarse de momentos de alegría, drama y ternura,… Todo está bien planificado y mejor escrito, lo que hace que la lectura de El último año en Hipona sea apasionante, y a medida que vas avanzando, te atrapa hasta hacer que no puedas dejarlo a un lado y busques el momento para ponerte a leerlo.

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Roberto, ¡chapeau! Nos quitamos el sombrero ante ti.

Chicos, que hoy vivamos en un país donde la ley está de nuestro lado no quiere decir que las cosas hayan sido siempre así. Conviene no olvidar, y si la manera de saberlo es disfrutando de una buena novela, pues esta es sin duda alguna una buena opción para ello. Haceros con El último año en Hipona y después le preguntáis a nuestro gobierno, nuestra iglesia y nuestros medios de comunicación por qué ese interés en ocultar o no contar lo que durante demasiados años fue una horrorosa normalidad.

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