El partido laborista bloquea la posibilidad de un plebiscito sobre el matrimonio igualitario en Australia, aunque ahora nadie tiene ni idea de cuál será el siguiente paso.
[divider]Actualidad | Ley y Orden[/divider]
Se acabó la tontería: no habrá plebiscito sobre el matrimonio igualitario en Australia. Y punto. (O casi).
El partido laborista se ha opuesto de forma total y absoluta a la idea del Primer Ministro, Malcolm Turnbull, de dejar que el pueblo decida si el gobierno debería legislar o no sobre el matrimonio igualitario. Y ojo porque eso que te he puesto ahí es importante: no es que fueran a votar si se legalizaba o no sino si se tenía que legislar o no. Es decir: no era vinculante.
Ése ha sido uno de los motivos por los que el partido Laborista ha rechazado en bloque en el Senado australiano la paja mental de Turnbull que por no enfrentarse a sus ministros más conservadores había pensado gastar 200 millones de dólares australianos en una votación sin sentido. Sin sentido por dos motivos: el primero es que una mayoría nunca debería votar sobre los derechos de una minoría y el segundo porque todas las encuestas muestran que el pueblo australiano está a favor del matrimonio igualitario.
Ah, lo de gastarse 200 millones es otro de los motivos por los que los laboristas le han dicho a Turnbull que se deje de tonterías. En palabras del líder de la oposición, Bill Shorten, la «buena conciencia» de su grupo no les permitía apoyar ese plebiscito porque además de todo lo anterior (que no era vinculante y que era muy caro) iba a provocar mucho daño a los gays y las lesbianas, especialmente a los niños.

Turnbull se ha encabronado como una mona y dice que los laboristas están utilizando el tema de forma partidista para sacar provecho político. Aunque en un principio Turnbull dijo que estaba a favor de dar libertad de voto a sus parlamentarios si se votaba sobre el matrimonio igualitario, ahora dice que no y se alinea con la parte más conservadora de su gobierno, anclada en que o se hace un plebiscito o nada de nada.
Por su parte el partido laborista se ha alineado con las familias LGTB y Shorten ha declarado que el país no tiene derecho a juzgar con una votación los matrimonios y las relaciones de algunos ciudadanos.

La cuestión es que ahora mismo la igualdad legal en Australia se ha quedado en tierra de nadie. Turnbull ve cómo su gobierno peligra porque los conservadores ya han dicho que si se plantea siquiera la idea de dar libertad de voto, le retirarán su apoyo y se irán a la oposición. El líder de los conservadores, Barnaby Joyce, ha dejado claro que permitir la libertad de voto en este tema rompería uno de los acuerdos que sostienen el gobierno de la Coalición Liberal Nacional: «Sería un tema muy serio, así que no creo que ocurra.»
Y en el bando contrario Shorten ha dicho que los laboristas no quieren ni oír hablar del famoso plebiscito porque aún no ha escuchado ni un solo argumento válido que justifique gastarse esa millonada: «Es una despilfarro de dinero. Y no será vinculante para los parlamentarios liberales. Hará mucho daño a las personas gays y a las familias australianas que lo único que quieren es que lo solucionemos ya.»

Una encuesta publicada hace unos días, por ejemplo, revelaba que más de un 60% de los australianos quieren que el tema se legisle de una vez por todas antes de que acabe el año.
Pero aunque las asociaciones LGTB ya están celebrando que el plebiscito está muerto, lo cierto es que aún se tiene que votar la idea en el senado y aún teniendo a todo el partido laborista en contra los números son bastante ajustados. Aún así el co-director de la ONG Australian Marriage Equality, Alex Greenwich, se muestra optimista y da por muerta la votación, y espera a que el senado la rechace del todo para comenzar la campaña que fuerce a Turnbull a llevar el tema al Parlamento garantizando la libertad de voto de los diputados.
[divider]Fuente: The Sydney Morning Herald[/divider]










