Nos hemos despertado con un breve reportaje publicado en La Vanguardia sobre “el nuevo” espectáculo de Bertín Osborne y Arévalo que tiene un titular muy dramático: “En España ya no se pueden contar chistes de mariquitas”.

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Los artistas denuncian que se ha impuesto lo políticamente correcto, que se ha perdido el sentido del humor y que a la mínima cualquier colectivo denuncia que se ha sentido ofendido. Y mira, hasta aquí podemos estar de acuerdo con ellos, el problema es que lo que ellos llaman “humor” para el resto de la población son simplemente chascarrillos sin gracia. Porque, señores humoristas, ustedes pueden hacer todos los chistes de mariquitas que quieran, lo que no pueden es reírse de alguien por su orientación sexual y reducirla a un gag homófobo. Son dos cosas muy diferentes.

En los años 80 se hicieron famosos por contar chistes de gangosos y mariquitas. Pero pongamos las cosas en su contexto. Hasta 1978 se aplicaba la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social que establecía penas de cárcel y de internamiento psiquiátrico para homosexuales y hasta 1983 no se modificó la Ley de Escándalo Público que se utilizaba para hacer “redadas contra los homosexuales”.  Con ese trasfondo histórico ustedes salían en la tele a hacer gracietas. Y sí, es muy injusto juzgar ahora los hechos que ocurrieron hace tantos años, y sinceramente, no creo que nadie lo esté haciendo, hasta ahora. Y lo hacen ustedes, los mismos artistas de entonces quienes se empeñan en traer a la España actual aquellos chascarrillos que han perdido toda la gracia y que hoy en día sólo se merecen la calificación de “caspa”.

Pueden seguir llenando teatros con esos chistes. Nadie se los impide. Nadie se los prohíbe. “Esto no es Alemania”, a pesar de su desacertada comparación. Pero no querer ver que ese humor es insultante y que ha perdido toda la gracia dice mucho de unos cómicos que pretenden que sus gags sigan teniendo gracia 40 años después. Igual entonces el problema no es del público, sino de unos artistas que se han quedado estancados.

Te in-Teresa
La irresponsabilidad del COGAM

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