Que la orientación e identidad sexual es algo que casi siempre supone un problema cuando no te atienes a la heteronormatividad es algo que todos nosotros maricones tenemos claro. Cierto es que en los últimos años hemos visto avances en países como el nuestro, he ahí la aprobación de la ley del matrimonio igualitario, o en EE.UU. a nivel internacional. Sin embargo, no todo es tan bonito y brilli-brilli como podría parecer, valgan como ejemplo las múltiples agresiones homófobas de las que os hemos dado buena cuenta en las últimas semanas, el absurdo continuo que viven en Indonesia o el ya conocido horror de Rusia. Buenas noticias de una lado y malas de otro, entonces, ¿cuál es la situación desde el punto de vista de derechos de la comunidad LGTBI en el mundo? Para tener una respuesta clara no hace falta que llamemos a Rajoy  te vuelvas loca de atar buscando en internet o contactando con asociaciones que no contestan. Ahora lo tienes mucho más fácil, basta con que te hagas con El fin de la homofobia. Derecho a ser libres para amar que ha editado la Fundación Internacional Baltasar Garzón y escrito el periodista Marcos Paradinas (Redactor Jefe de elplural.com) donde él te lo cuenta todo bien clarito.

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¡Qué guapo es Marcos Paradinas!

Pues amigos, tenemos motivos para estar alegres si miramos hacia atrás en cuanto a la historia de nuestro país, pero hay que llenarse de paciencia y autoestima para considerar lo que es el mundo, y sobre todo, no bajar la guardia en lo que respecta a los gobernantes que tenemos en La Moncloa.

A nivel mundial, el continente africano (excepto Sudáfrica), Oriente Medio (excepto Israel), buena parte de Asia y Oceanía, así como Centroamérica son lo más parecido al infierno, y no porque haga calor y poder ir en speedo, sino porque directamente nuestra vida está en riesgo. Pena de muerte, cadenas perpetuas o de muchos años, multas económicas y toda clase de campañas públicas de desprestigio es lo que sufren los que son como nosotros, aquellos a los que la naturaleza hace que amen o deseen a personas de su mismo sexo (tanto gays como lesbianas), deseen ser de un sexo contrario a aquel con el que nacieron (transexuales) o tienen un cuerpo con componentes de ambos (intersexuales).

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Señores gobernantes de todos los países del mundo, ¡tomen nota!

¿Y ante esto qué hace un organismo supranacional como la ONU? En 1948 aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero en lo que respecta a prestar atención a la comunidad LGTBI, hubo que esperar hasta 2006 en que un grupo de señores se reunieron en la ciudad indonesia ahí donde ahora tanto nos incordian de Yogyakarta para aprobar una serie de principios que marcan cómo dicha declaración ha de ser aplicada para protegernos de toda clase de discriminación y abuso y asegurar nuestra plena integración social, jurídica y política. Esta es la guía que utiliza Marcos para comprobar cómo estamos en materia de derechos a día de hoy en España, y a lo que dedica buena parte de su informe.

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Venga, cuéntame cómo estamos en España

Pues bien, en 2005 según nuestro entonces Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, nos convertimos en un país decente con la aprobación del matrimonio igualitario, que incluía también la adopción. Durante esa legislatura se aprobó igualmente la Ley de Reproducción Asistida, que tenía un claro fin: dar acceso a la maternidad a mujeres no solo estériles, sino que habían decidido por un motivo u otro, no contar con un hombre para quedarse embarazada. Avances sociales y reconocimientos de la dignidad de toda persona contra los que ya sabéis que han actuado desde el grupo político de las gaviotas frigidas de día, salidas de noche con aquel famoso recurso de inconstitucionalidad que les salió por la culata y, con la excusa de la crisis económica, excluyendo deliberadamente a las lesbianas de los beneficiarios de la ley mencionada porque según la tonta ex ministra de Sanidad, Ana Mato, “la falta de varón no es un problema médico“.

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Avances que han hecho que España sea el país con mayor aceptación de la homosexualidad del mundo y en el que ya han contraído matrimonio más de 31.000 parejas del mismo sexo. Ahora bien, ¿cuántos gays/lesbianas/transexuales/intersexuales hemos visto en política? Bien pocos. ¿Y como policías o militares yo he catado unos cuantos? Menos aún. ¿Y como deportistas reconocidos tengo marcas de dos? Creo que no me sale ninguno. Algo pasa aquí, algo falla. ¿Para cuándo una verdadera visibilidad, una verdadera normalidad?

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Chicos, sabemos que sí es lo que parece y relajaros, ¡no pasa nada!

Todavía arrastramos un pasado en el que la barbarie de la dictadura franquista pesa mucho: las penas de cárcel, los tratamientos para curarnos, el asesinato de figuras como Lorca,… De vez en cuando nos encontramos con sustos ese chulo por la mañana que ya no es tan chulo como por la noche como clínicas que quieren ¡curarnos! o alcaldes como Ana manzanas Botella que pusieron uno y mil obstáculos a la festiva reivindicación del Orgullo Gay. Y de esto último no hace tanto tiempo…

El libro se inicia con un fantástico prólogo de Manuela Carmena (alcaldesa de Madrid) y acaba con cuatro grandes entrevistas que testimonian no solo lo que hemos conseguido sino lo que queda por hacer y lograr. Al ya mencionado ex presidente destacando el papel de la política como motor para lograr una sociedad realmente integradora, a nuestra querida Carla Antonelli señalando que el colectivo transexual es al que más reconocimiento le falta aún, a Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia) subrayando el papel de la educación y a Ángeles Álvarez (diputada del PSOE) explicando la importancia que tiene el predicar con el ejemplo para conseguir la normalización que deseamos en el colectivo.

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