• Una agencia federal del gobierno alemán publica un estudio sobre  lo que opina la sociedad sobre la homosexualidad y el matrimonio igualitario.

Seguramente recordáis la gran inocentada con la que Javier Maroto quiso terminar el año pasado cuando dijo en una cadena de radio que el PP nunca había tenido ningún problema con los homosexuales. En aquella entrevista dijo muchas más tonterías, y una de ellas fue que el matrimonio igualitario es un derecho consolidado (y aceptado por partidos como el suyo) en los países de Europa occidental como España y Alemania. Pues no, queridas amigas maripeperas y gente desnortada en general: sentimos mucho tener que bajaros de vuestra nube, pero en Alemania no existe el derecho al matrimonio para personas del mismo sexo. Lo único que hay, de momento, son unas uniones civiles bastante descafeinadas y que vienen de una ley de parejas de hecho.

La Agencia Federal contra la Discriminación (ADS) ha declarado el año 2017 como el dedicado al respeto de la diversidad sexual, y una de las primeras cosas que han hecho ha sido publicar  un estudio sobre lo que piensan los alemanes sobre la homosexualidad y sobre el matrimonio igualitario, que podéis descargar en PDF desde la web de la Agencia.

Los resultados muestran lo que ya sabemos hace tiempo: que Alemania es uno de los casos más claros en los que la sociedad va muy adelantada respecto a las leyes que tienen aprobadas. Según este estudio, un 83% de los encuestados están a favor de que las parejas homosexuales se puedan casar y tener los mismos derechos que los heterosexuales, y un 75% también aprueban el derecho a la adopción, algo que tampoco es posible con la legislación actual.

Christine Lüders, la directora de la ADS, ha dicho en una entrevista que actualmente la sociedad alemana es más tolerante de lo que nunca ha sido (algo que no debería extrañarnos, porque la aceptación ha ido creciendo año tras año) y ha descrito las uniones civiles que existen ahora mismo como “un matrimonio de segunda clase” que deja al país muy atrasado respecto a otros en Europa y en todo el mundo en lo que respecta al matrimonio. También ha pedido a los políticos que demuestren tener la apertura de mente que ya tiene la sociedad.

Christine Lüders, directora de la ADS y nuestra nueva alemana favorita (Foto: ADS)

Entonces… si la gran mayoría de los alemanes está de acuerdo y hasta piden que se apruebe el matrimonio, si incluso desde el Senado dieron su aprobación al proyecto, si incluso varias iglesias evangélicas ya permiten que las parejas del mismo sexo se puedan casar (aunque en realidad esto no sirve de mucho, porque el único matrimonio que realmente vale en Alemania es el civil y no el religioso)… ¿dónde está el problema? En realidad, ya sabéis la respuesta. Ahora mismo el principal obstáculo a que nos podamos casar los maricones es la propia Angela Merkel, que en esto se comporta como un topicazo andante y saca toda su cabeza cuadrada alemana para decir de todas las maneras posibles que ella es muy conservadora y que le da absolutamente igual que el resto del país lo tenga muy claro, ella no lo tiene y le basta con eso.

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De todas formas, no penséis que todo es tan súpercalifragilisticoespialidoso en el estudio que han publicado desde la Agencia Antidiscriminación del gobierno alemán. Hay políticos que no viven en un país de piruletas (¿no te gustaría ser como ellos, Maroto?) y en la presentación del informe la directora también dejó claro, poniendo algunos ejemplos concretos, que sigue habiendo muchos casos de discriminación en el país y muchos prejuicios, y todo esto a pesar de que a un 95% de los alemanes les parece bien que la ley proteja contra la discriminación LGTBfóbica.

Aquí es cuando nos empezamos a preguntar seriamente qué entienden  por discriminación muchos de los que participaron en este estudio, que también demuestra que la aceptación y la tolerancia se empiezan a evaporar en las relaciones a corta distancia: Un 12% respondieron que se sentirían incómodos si tuvieran un compañero de trabajo homosexual, y un 40% que no les gustaría que uno de sus hijos fuera gay o lesbiana.  A un 20% de los que participaron les sigue pareciendo que la homosexualidad no es algo natural y otro 40% dice que se siente incómodo cuando ve muestras de afecto entre personas del mismo sexo.

Esto de decir que quieres paz y amor  derechos y que no haya discriminación para todos pero que de ser posible prefieres que no te toque demasiado de cerca es de esas cosas que no podemos oír sin habernos bebido algo fuerte primero y que nos hace pensar que sólo es una forma más o menos civilizada del viejo mantra homófobo que conocemos tan bien, el de “no me importa lo que hagan pero que lo hagan en privado“.

En el estudio también llegaron a otras conclusiones patrocinadas por el Captain Obvious como que en general las personas más jóvenes y que han recibido mejor educación son más tolerantes y tienen menos prejuicios, y que por el contrario cuanto más religiosa se considera una persona (y aquí desde la ADS dejan claro que todas las religiones son, básicamente, la misma mierda iguales) menos respetuosa es de la diversidad sexual. Ya sabemos que no os habéis llevado ninguna sorpresita, pero de todas formas tiene su mérito que esto se diga desde una agencia del gobierno federal.

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Para la ADS, la clave está en la educación, y también recuerdan que (igual que en España) “maricón” es uno de los insultos que más se sigue oyendo en las escuelas. Aquí nos encontramos con otro problema muy grave porque un 27% considera que la educación sexual en los colegios solo debe tratar temas que tengan que ver con las relaciones heterosexuales.

Por último, algo que nos parece importantísimo: Lüders también quiso dejar claro que aunque la sociedad alemana es ahora más tolerante que nunca, y que la tendencia en los últimos años ha sido de aumento constante, esto podría cambiar en cualquier momento, dándole la razón a Markus Ulrich, de la LSVD (el equivalente alemán a la FELGTB) que dijo que  vivimos en una época en la que “una pequeña, pero peligrosa, alianza entre fundamentalistas religiosos, populistas de derechas y antifeministas de línea dura están influyendo en los ánimos de la sociedad.

En concreto, la directora de la ADS dijo estar muy preocupada por el crecimiento en Alemania del partido AfD (Alternativa para Alemania), que es a lo que se referían cuando hablaban de populismo de derechas. A nosotros se nos hiela la sangre en las venas cuando pensamos que, entre otras cosas, están a favor de una ley en contra de la “propaganda” homosexual similar a la rusa, que una de sus obsesiones en su propaganda electoral es la ideología de género y que, por supuesto, no quieren saber nada ni de matrimonio para homosexuales ni de derechos para los maricones, así en general.  Ahora mismo AfD tiene un apoyo popular del 15% y Lüders opina que el partido, que ya ha sido conocido por los comentarios homófobos de sus representantes,  podría ser el impulsor de una corriente contraria al clima de tolerancia actual.

Las tonterías de siempre de las manifas homófobas. Y a los chicos de AfD les parecen cosas muy chupis.
Fuente: Deutsche Welle

  • Raf Martini

    Hay algo que cabe mencionar. No voy a entrar a defender las políticas de Angela Merkel, pero no son pocos los alemanes que están convencidos de que, por ella, no habría mayor problema en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. De hecho, es significativa la respuesta que da: “No lo tengo claro”. Esta no es una respuesta casual, sino una para evitar decir que no porque, como digo, la impresión general es que no se opone a ello a nivel personal. Peeeero… sí se opone a ello a nivel político, que no es lo mismo. De hecho, tuvo en su equipo como ministro de exteriores al difunto Guido Westerwelle: el primer político europeo de alto rango abiertamente homosexual (llegó a ser ministro por coalición de su partido, el minoritario FDP, con Merkel en 2009)

    El principal obstáculo, usando las palabras del artículo, es la CSU. El partido de Merkel, la Unión Cristiano-Demócrata (CDU), opera en todo el país excepto en la región de Baviera. Ahí tiene su propia rama regional, la Unión Social Cristiana (CSU). Es decir, en Baviera no votas a Merkel, sino que votas a la CSU y luego esta le apoya a Merkel en el parlamento. Pero aquí está el quid de la cuestión. Por un lado, los socios bávaros son valiosos económicamente: Baviera no es solo la región más rica de Alemania sino la región político-administrativa más rica de la UE (BMW, Siemens, Audi, Allianz, Adidas, Puma…). Por otro lado, aunque las dos uniones son “cristianas” y casi todos los estados de Alemania son protestantes (incluso algunas confesiones protestantes permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo como se explica en el artículo enlazado arriba), hay dos estados que son católicos: uno es Baden-Württenberg (el de Stuttgart) y el otro es, sorpresa sorpresa, Baviera. Es decir, para que Merkel (la CDU, esté quien esté a la cabeza) pueda contar con los necesarios votos de la CSU (que son muchos ya que en su parlamento regional sobrepasa holgadamente la mayoría absoluta), tiene que tener contentos a los católicos de Baviera. Y como os podéis imaginar, uno de los caballos de batalla de la iglesia católica bávara es la oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo. Con la Iglesia hemos topado. Ese es el verdadero “principal obstáculo”: la CSU y sus adscripción cristiana católica.

    Ya conocemos todos a la Merkel. Si no le tiembla el pulso para abrir la puerta a un millón de refugiados a pesar de la fuerte oposición de una parte muy significativa de la población, tampoco le temblaría para responder con un “no” a la pregunta de si le parece bien que dos homosexuales se casen. Ningún político (ninguna persona en realidad) da una respuesta tan tibia a este tema. Pero no dice que “no”, porque probablemente sea que “sí” y no lo quiera/pueda decir por motivos políticos, no por convicciones personales.

    Y ahora quiero el gif de la Esteban diciendo “qué guapa estás y quién bien hablas”.