Artículo escrito por: ZorreteP

Ya dije el otro día que quería provocar un poco y, al parecer, lo conseguí. Alguno se indignó con aquello de que las chicas no deberían entrar en los bares gays con connotaciones sexuales, y como mi vida no es lo suficientemente complicada, voy a explayarme un poco para arrojar un poco de luz sobre este caos mental que nos provocamos nosotros mismos.

relax chewbaccaRelájate Chewbacca que te voy a explicar unas cuantas cosas

Nadie lo va explicar mejor que Risingson en aquel artículo sobre la escena gay de Londres  cuando dijo algo así como “seguro que habéis visto qué pasa cuando un local gay empieza a llenarse de heteros…” Todos sabemos cómo termina esa frase y eso es la pura realidad, pero vamos a contextualizar las cosas. Hablamos de bares con una orientación claramente sexual, esos son los que nos preocupan: Bares donde el fin es tener relaciones homosexuales.

¿Podemos convenir todos en que la presencia de féminas en ese ambiente no tiene mucho sentido? Nada más, no entremos en diatribas sobre la prohibición. Hablemos simplemente del sentido de estar allí. Algunos y algunas enarbolarán la bandera de la curiosidad y, la curiosidad, aunque haya matado al gato, es maravillosa. Pero hay que saber manejarla y el autocontrol debería estar presente cuando nuestras ansias de saber pueden ofender a otra gente que se siente observada, analizada o caricaturizada.

curiosidad mato gato

¡Ay! ¡El autocontrol! Todos entendemos que lo que nos resulta ajeno o, incluso misterioso, pueda ser una fuente de curiosidad, pero hay que controlarse. Se me ocurren cientos de supuestos que ilustran a la perfección esta situación: no voy a clubs de alterne porque no voy a tener sexo allí, ni acudo a terapias de alcohólicos anónimos puesto que no sufro esta terrible enfermedad, ni me paseo por sitios de cruising para ver qué se cuece ya que no voy a interactuar con los que allí se reúnen… ¿Y por qué? Porque no disfruto incomodando a gente que está haciendo sus cosas en un ambiente, como mínimo, reservado. No creo que sea difícil de entender que esa gente se sienta observada o juzgada. Puede que no todos, pero sí muchos. Pensad en un bar de intercambio de parejas: ¿te dejan entrar solo? No. Por algo será…

Como veis (en la mayoría de los casos) no me está prohibido acercarme a ver estas cosas, surge de mí no ir. ¿Por qué? Pues porque no creo que se me haya perdido nada allí ni lo considero adecuado. Aunque tenga curiosidad me autocontrolo y decido voluntariamente no perturbar a los que allí se encuentren.

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Quizá sea exagerado, pero es agradable pensar que debería ser uno mismo el que se imponga no ir a estos sitios si cree que puede molestar a alguno de los presentes. Más si tenemos en cuenta que no hay ninguna necesidad de hacerlo. La oferta de ocio nocturna es bastante extensa y es un poco pueril enfadarse porque no te dejan entrar en el 2% de los locales nocturnos reservados a un público concreto. En muchos de ellos ni siquiera te prohíben entrar, pero parte de los asistentes prefieren que no se les moleste.

Oso gay bailandoRecreación 1: un oso bailando con sus amigas heteros

oso gay cartoonRecreación 2: el mismo oso cuando está solo con otros osos

Volvamos sobre las sabias palabras de Risingson ¿Sabéis que pasa cuando los bares gays se empiezan a llenar de chicas heterosexuales? Pasa que los vuelven:

a) circos (despedidas de solteras y tal)

b) bares heteros. La dinámica suele ser la misma siempre: ellas llegan porque se sienten libres rodeadas de hombres que no las acosan, porque acompañan a chicos homosexuales o por el mero hecho de que tenemos un indudable mejor gusto musical; luego traen a sus amigos modernos y a sus novios; estos les dicen a sus amigos heterosexuales que en esos garitos se pincha una electrónica cojonuda y que hay muchas solteras; ellos vienen. ELLOS. De repente, sin saber cómo, le entras a un chico en un garito gay y el te aparta sorprendido diciendo que “te estás equivocando”. Esto es ley de vida y lleva pasando desde que el Strong es Strong.

Y ahora ya no estamos hablando de bares con una clara orientación sexual, aquí hablamos de la totalidad de los bares de ambiente. Y entramos en una lucha de valores: ¡claro que es normal que un chico que sólo tenga amigas quiera ir a los bares donde pueda conocer a otros hombres! Igual de normal que algunos sintamos nostalgia por el espíritu inicial de esos bares, que se diluye entre despedidas de soltera y amigas consortes… ¡Ay, la gentrificación homosexual! Absorbiendo a su paso la esencia de lo que es ligeramente diferente y vomitando subproductos aptos para todos los públicos. Pero hemos acordado que lo que nos molesta es la presencia femenina en clubes con clara orientación sexual, así que centrémonos.

¿He oído la palabra misoginia por ahí? Nada más lejos de la realidad. Podemos hablar de los bares de lesbianas y los supuestamente discriminados serían los hombres. Y yo me plantearía las mismas preguntas: ¿qué hacen los tíos allí? ¿qué quieren conseguir? ¿qué se les ha perdido? Acordemos que la ÚNICA y EXCLUSIVA razón para pedir que se modere la presencia de mujeres en clubes gays con claras tendencias sexuales es la falta de un comportamiento sexual integrador en ellas. NADA MÁS. Digamos que es como un club para el que no tienes carnet.

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Nadie odia a nadie. O eso quiero creer. Y nos encanta estar rodeados de mujeres (y de las que son mujeres sólo de noche también), pero no en todas las circunstancias. Y tampoco dudamos de la buena fe de muchas de vosotras acompañando a vuestros amigos a este tipo de locales, es sólo que la historia nos da la razón y sentimos nostalgia de cuando los bares gays eran…eso: bares gays. Bares donde hombres que quieren follarse a otros hombres o que quieren ser follados por otros hombres se reunían para tomar té.

Taza de te

Pero no es el momento de lamentarse, hay que buscar soluciones. Y yo, personalmente, nunca he sido de prohibir. Prohibir es muy de la derecha y eso no me gusta. ¿Entonces? Pues entonces habrá que esperar y ver qué pasa. Lo más lógico es que todos reflexionemos y veamos qué queremos conseguir. Lo importante es que debatamos y sepamos adaptarnos a los tiempos que cambian. Saber que los garitos de osos no van a desaparecer y habrá mujeres que sigan luchando por su derecho a entrar en ellos. Y eso es RIQUEZA, amigos y amigas.

Eso sí: vamos a tomarnos las cosas con calma y sentido común. Que montes un pollo porque no te dejen entrar en un bar de osos, mi queridísima piscis, es un poco…curioso. Que oye, cada uno protesta por lo que quiere, pero reformula en tu cabeza la frase: “YO, MUJER protesto porque no me dejan entrar en UN BAR DE OSOS BUSCANDO SEXO CON OTROS OSOS”. No sé…a mi me suena un poco a perogrullo.

¿Por qué no nos paramos todos un momento y pensamos en lo que estamos haciendo? Vamos a intentar entender los puntos de vista del resto y a respetarnos, que si empezamos a luchar entre nosotros nos vamos para el pozo. Y ya hay demasiadas personas que quieren vernos en ese pozo como para ponérselo más fácil aún.

Let the debate begin!

Desayunos-tve

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