Vivimos en una época oscura y tenebrosa en la que los activos son como los heteros o los Reyes Magos: no existen. Basta mirar el Grindr un momento para descubrir que con tanta pasiva lo único que vamos a hacer los gays en nuestros ratos de ocio es rozarnos unos a otros hasta que salgan chispas como si tu culo fuera una piedra en manos de Amador Mohedano y esto fuera Cayo Paloma en pleno reality de Supervivientes.

Cientos de miles de investigadores están investigando el tema, que nos tiene muy preocupados, pero gracias a nuestros amigos los historiadores hemos descubierto que al menos en la Italia del renacimiento había más activos que en pleno Circuit. ¿La prueba? Un dibujo muy explicativo que ha aparecido en uno de los libros de bocetos de Leonardo Da Vinci:

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No hace falta que te explique lo que estás viendo en el dibujo porque esto no es El Código Da Vinci y no vamos a desentrañar una conspiración milenaria viendo dos pollas camino a meterse en un agujero; pero aunque no te lo creas esta pizpireta manualidad deja clara una cosa: que Leonardo Da Vinci le daba lo suyo y lo de su prima a Salai, uno de sus discípulos.

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Salai, que es el nombre que aparece escrito justo encima del agujero con pelitos de la derecha, se llamaba en realidad Gian Giacomo Caprotti da Oreno y se convirtió en discípulo de Da Vinci siendo un niño; con el tiempo parece ser que la relación entre maestro y aprendiz se volvió bastante intensa y parece que todo el mundo está de acuerdo en que a Leonardo y Salai sólo les faltaba irse de vacaciones a Mykonos y comprarse un gato para oficializar su relación.

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tumblr_inline_mis5ix5CdJ1qz4rgpRECREACIÓN: Leonardo y Salai, minutos antes de inventar el gotelé

Pero ya sabes que en el Renacimiento todo era muy drama, y aunque Salai siguió a Leonardo por media Europa acabó por volver a Italia y allí, tras heredar gran parte de las obras de Da Vinci (incluída La Gioconda), se casó con una mujer y acabó muerto en mitad de una riña amorosa. Un Mario Postigo de toda la vida.

No se sabe si el dibujo de los penes con patas lo hizo Salai en pleno momento de aburrimiento mientras Da Vinci le daba la chapa sobre cómo pintar unas cejas sin que te salga Chabelita; o si fue el mismo Leonardo el que decidió dejarle claro a su discípulo cuál era su rol en la pareja. Tampoco queda claro si los dos penes son de Leonardo, si tenían dildos, si a la pareja le iba lo de jugar en grupo o cuántas le cabían a Salai.

Lo que está claro es que lo de dibujar pollas es algo que nos viene de lejos y que Salai y Da Vinci se lo pasaban de puta madre. Con razón la Gioconda sonríe como sonríe, la muy puta.

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Fuente

  • “Lo de pintar pollas nos viene de lejos”… en serio no hay mejor trabajo para los abdominales que leerse uno cualquiera de tus artículos…

  • Galfoz

    Ojo, que muchas damas renacentistas tenían un aire Chabilesco.