Hay hombres que no tienen pudor… Hay hombres que no tienen pelos en la lengua… Hay hombres que no tienen vergüenza y te dicen que lo que quieren es hacerte sudar, que te toques, que goces,… Así, parafraseando a Fangoria, es como os presentamos a Alberto Fuguet, el autor de Sudor, una caliente, cachonda y orgásmica novela de la que ya os hemos hablado.

Entrevistar a un hombre que ha llegado desde Chile con menos vergüenza aún que nosotros no ha sido fácil, en algunos momentos ha hecho que nos quedáramos con la boca abierta en modo garganta profunda sin saber cómo continuar, menos mal que llevábamos las preguntas apuntadas,… Hemos hablado de su novela, su trabajo, el negocio editorial, su visión del mariconismo, redes sociales y más temas con el mismo descaro que si lo hubiéramos hecho vía Grindr, pero yendo más allá del ¿activo o pasivo?, ¿qué te va?, ¿qué llevas puesto? ¿cuánto te mide? o ¿cómo me esperas?

Un consejo antes de comenzar a Alberto, mejor quitaros la camiseta,…, quizás la dejéis empapada.

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Ante esta mirada, ¡cómo no quitarse la camiseta!

Sudor deja a un lado la imagen cultural del mundo editorial y nos lo muestra como cualquier otra actividad empresarial, despiadado e inhumano. ¿Cómo ha sido recibida tu novela dentro del sector?

Pasiva-agresivamente creo. Es decir, no de frente. Por otro lado mi editorial nueva y mi gente me ha apoyado, así que feliz. La están apoyando, editando en todas partes, realmente me siento afortunado y sorprendido. Es la primera vez que siento algo así. Aquellos que se sienten tocados, hablan mal a mi espalda y aún hay tipos que creen que si me dicen maricón me están insultando. Dicho esto, también creo que humaniza el mundo editorial pues, vía Alf, el editor, deja claro que se puede combinar leer y follar. Yo considero sexy un tío que lee. Y si lee en verano, sin ropa, mejor. ¿Sigues @HotDudesReading en Instagram?

Vivimos en un mundo heteronormativo, los gays leemos de manera natural historias de heterosexuales, pero en cambio… ¿Qué impresión crees que causa tu novela en el público heterosexual?

Un morbo inconmensurable, con erecciones culposas y hormigueos vaginales que no se resisten a ningún dedo placentero. Eso creo. Y me han dicho. También los libros que tocan lo gay a veces son gatilladores de deseos y pueden ser ventanas para ingresar a otros mundos. Sé que a algunos les ha dado miedo, sobre todo porque a mí me va bien y buena parte de mi público es hetero. O quizás ahora capto que mis lectores hombres, de la orientación que sea, son curiosos y abiertos y eso me enorgullece. He ganado nuevos lectores pero los heteros siguen ahí y entienden o me han comentado que el libro, antes que nada, es masculino y en ese sentido sienten, por un lado, envidia de la falta de trancas o negociaciones para irse a la cama y, por otro, sintonía, todos somos calientes. Los heteros aman a personajes como el amigo separado Vicente y el geek Renato.

Hay Grindr casi en cada página, ¿también en tu vida? ¿Qué nick utilizas tú?

Ya no, estoy en una relación. Sudor se escribió sudando y con Grindr y con otras aplicaciones para ser open-minded como Growlr de osos. Eso fue un gran aprendizaje: osos y osuelos. Resultaron ultra tiernos. De hecho Sudor se escribió durante un buen tiempo y en ciudades distintas y en climas cálidos, sin desodorante y con shorts, en terrazas y al lado de piscinas. Las app me ayudaron mucho para conocer tipos en ciudades que no conocía como Asunción, en Paraguay, y Dallas, Texas. A veces usaba el nick de personajes y me enfrentaba a la caza dependiendo de personajes. Exijo buena ortografía, soy más romántico, amo la inteligencia, me seduce si uno chico es medio intelectual y lee. Mi nick oficial era Alejo.

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Alejo, ¿por qué ya no te conectas? Necesito saber de ti.

Hemos pasado de relacionarnos haciendo cruising y en bares, a internet y ahora las apps de geolocalización, ¿hacia dónde vamos en esta evolución?

No lo sé pero creo que el ser humano tiende a llegar a puntos medios. Las apps son al final para juntarse, no para masturbarse por cam. Eso existe y gusta y a veces es genial porque no tienes que interactuar o salir de casa. Incluso la realidad virtual tiene sus pros. O chatear por Instagram o Whatsapp o Skype, sin cámara, puede ser ultra erótico. Creo que la realidad virtual pondrá en jaque al contacto físico y puede que esta supere al contacto real. Al no estar presentes podemos desenfundar lo más erótico de nuestra personalidad, sin inhibiciones, sin límites. Pero dicho esto, la carne es la carne y los pelos y los aromas y los fluidos y… Las apps son vías para juntarse y al juntarse, se arma algo. Ese instante de ir o de juntarse, ese es el cruising. Y ahí entra el vértigo, el miedo, la adrenalina y el deseo. Y claro, se ve la vida sin photoshop, se huele, uno se fija en las manos, en la ropa,… Y ahí pueden pasar cosas, como decir paso o no, gracias o adelante. Sudor intenta incluso hacerse cargo de sexo de mala onda o que se realiza por caliente pero donde está claro que hay cero onda y hasta asco y repelencia (lo del belga sudado). ¡Ah! Otra cosa, el conocer ahora a alguien, en un bar o evento o librería o cumpleaños, en un avión o en el metro, sin mediar una aplicación se está volviendo como un caviar. Es algo menos común pero se vuelve tan intenso que deja a las aplicaciones como juguetes de geeks.

Las redes sociales y las apps nos han dado a todos mil y una anécdotas, ¿alguna que compartir con nosotros?

Lee Sudor, usé varias. La que más me complica y corta la leche es una vez que estuve como hora y media (demasiado) conversando con un tipo y estábamos empalmados y quedamos en pleno invierno, había una neblina espesa y frío y nos encontramos en una salida del metro. Tenía un abrigo lindo y un gorro, estaba bueno, lindos ojos, era mejor que por escrito. Hasta que habló y capté que tenía un sonsonete raro. Era sordo y hablaba por lo tanto de manera distinta. Y algo me pasó. Me enfrié y solo pensaba en como zafar. Lo vi vulnerable. Compró cigarrillos, se sacó el gorro y vi su aparato. Y por un lado me parecía un gran tipo, pero quería huir, arrancar. De pronto quiso darme un beso en un parque y le dije que no. Hice como si me llegara un mensaje pero captó que me quería ir. Te molesta mi voz, me dijo. No, le mentí. Y me fui corriendo y al llegar veo insultos de él, merecidos, en la app y whatsapp. Cobarde, me dijo. Y era cierto. Tuve que llamar a un amigo y luego tomarme una pastilla. Fue el peor viernes de mi vida. Lo bloquee pero con culpa. Aun me da vergüenza y creo que fue un mal momento de mi existencia.

Una de las cuestiones que está en el mar de fondo de Sudor es la edad y como esta nos categoriza en el mundo gay. ¿Hasta qué edad uno es mino (el término que en Chile se utiliza para “joven”)? 

La edad es un tema en Sudor y en el mundo gay y en el mundo hetero. Para qué decir en el mundo femenino, que es el que ha sido más abatido con ideas y falsas certezas acerca de la edad. Se sabe que, para un gran sector, un sector más pendejo, el límite es 25, algo que me parece insólito y mal y que está ligado a códigos de la hetenormatividad. Creo que es importante ir quebrando ciertas vallas ahora que el mundo gay ha conquistado más espacios y derechos. Y ahí va el tema de la edad, los cuerpos, lo natural. Yo creo que la idea de mino puede acercarse a los 50 y puede seguir, sin duda. Existe el concepto de daddy o maduros y silver foxes. Clooney en Grindr mataría, lo mismo que en una fiesta. La vida de un gay resuelto y libre de setenta puede ser en extremo entretenida y sexualmente activa sin tener que recurrir a dinero u operaciones. Los hombres tienden a ser más abiertos con el tema de la edad, o eso me gustaría creer. Conozco mayores que salen con tipos la mitad de su edad y viceversa y es por opción. Mino es una forma de enfrentarse el mundo y a sí mismo. ¿Si yo soy mino? No te voy a responder pero no me va tan mal. Yo no me siento para nada de salida o a punto de jubilar. Y una cosa curiosa, escribiendo o filmando uno no tiene edad o se siente como quiere. También sucede ahora que ando empezando a explorar a fotografía fija. Es ultra erótico escribir caliente. Lo recomiendo.

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Frases de un guionista que se puso a trabajar estando caliente.

Te defines como “un tipo gay que escribe”, ¿en qué medida marca tu homosexualidad lo que escribes?

Creo que la marca, pero no deseo sólo eso. He escrito mucho de hombres. Me parece que el que toda mi obra sea de hombres no es casual. He escrito y filmado a muchos hombres, ese es el mundo que me interesa y atrae y con el que empatizo. No es detalle menor que yo sea uno. En otros libros o películas mía el bromance ha sido evidente o han destilado homoerotismo. Mis personajes tienden a ser raros, ajenos, distintos. No todos son gay y creo que varios son ultra heteros, hay unos confundidos y otros bi y otros trancados y creen que no necesitan sexo. Pero mi pantone literario es masculino. Reconozco que creativamente siento poco lazo con las chicas. Creo que, explícito o no, mi deseo, mi lazo, mi empatía, mi curiosidad hacia los chicos es lo que marca mi planeta creativo.

Escritor, periodista, cineasta… ¿Eso te define como versátil? ¿O son distintas facetas de un mismo rol?

Versátil. No creo en roles. En serio. Versátil y moderno, además de pop. Siempre. Eso es clave y, mezclando lo sexual con lo creativo, no creo en roles y no tolero andar tan definido en eso de los roles. Depende. Uno muta. Diría que soy un comunicador “moderno”, que se permite comunicar lo que quiere en distintos formatos, me queda bien penetrar en el cine y me entrego al 100 % a la escritura. Mi rol esencial es narrador. Eso hago, a veces es crónica, a veces es cine, libros… Ha sido clave ser abierto.

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Me encanta cómo besas, pero… ¿te importa que acabe de leer la entrevista?

Según tu criterio, ¿qué escritores son tan buenos como los que nos venden los departamentos de marketing pero que no nos llegan por no tener tan buenas campañas de promoción como aquellos?

Ese es un gran tema. No siempre los que llegan son los que merecen llegar. A veces sí. Se logra. Yo he hecho dos libros acerca de escritores perdidos y malditos y muertos, Gustavo Escanlar de Uruguay y Andrés Caicedo de Colombia. Parte de la labor real de un editor es interferir el paisaje literario y las librerías. Yo ahora tengo un apoyo extraordinario y antes no lo tuve. Pero creo que la red ayuda, las librerías virtuales y los amigos que viajan. El que busca, encuentra. Hay algo hasta erótico en buscar, pedir, esperar. Creo que los lectores y en general los consumidores de cultura saben cómo funciona la cosa y saben distinguir. Creo que los libreros que cuentan con toda la información son claves y aliados. Y revistas como éstas. Pronto saldrá en España uno que recomiendo, Garth Greenwall con una novela de deseo entre un profesor americano y un puto búlgaro que se vende en los baños subterráneos de Sofía.

En tu presentación en Madrid formaste sándwich (no sabemos quién era pan y quien el queso y el jamón) con Eduardo Mendicutti y José Luis Serrano, ¿qué otros autores españoles destacarías? ¿Qué opinión tienes del momento cultural y creativo actual en nuestro país?

Creo que yo era el jamón, aunque no serrano porque ese era José Luis. Era el invitado de honor y me sentí ultra acompañado y acogido y hubo mucha complicidad. Es impresionante el desfase que hay con España y viceversa y eso que tenemos el mismo idioma. Ha sido una sorpresa ir a Madrid y ver y conocer autores que no llegan tan fácilmente a América Latina. Creo que están pasando cosas, muchas allá en España. Veo un cisma entre los que están conectados y los que no que es ultra interesante. Me traje Paris-Austerlitz de Rafael Chirbes, unos libros, poesía y prosa, de Carlos Pardo y Una barba para dos de Lawrence Schimel. De la gira de Buenos Aires traje cosas como teatro de mi ídolo Manuel Puig y libros de chicos gay que juegan futbol de un escritor llamado Facundo Soto con el que de inmediato conecté.

Si llegáramos a encontrarnos vía Grindr, ¿qué debiera decirte para que me des conversación? ¿Qué descripción tener para que me entraras? Y sobre todo, ¿qué tipo de foto?

Foto no tan explícita. La descripción creativa. Más que “buscando” o un inventario de tus presas. Tu nombre o algo como Mr. Newman en la tarde o Mr. Newman en Malasaña. Incluso si tu foto es no de ti podría interesarme, de un libro que lees al lado de un café,… me daría morbo. Tus boxers, no. Selfies en el baño, no. Saludar y hacerme preguntas de mi estado de ánimo o qué leo o has viajado. Ser coqueto y civilizado y no tener faltas de ortografía, eso me parece fatal. Lo mismo haría yo. Si fuera verano, diría: calor, Mr. Newman, ¿no? Has sudado y me dirías sí. ¿Que haces? Si me dices veo una peli o leo, preguntaría qué. Luego volvería al calor. Calor, ¿no? Has sudado. Sí, me dices. Dónde… y así entraríamos. Trataría de entrar en tu cabeza y tu imaginación antes de entrar en ti.

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¿Qué estaría viendo Alberto que le ha hecho sonreír? ¿Una imagen en la pantalla de su móvil? ¿La foto que le he enviado?

Es momento de levantar la tienda de campaña y de beber algo ante el riesgo de deshidratarnos, nos hemos quedado sin fluidos. Es lo que sucede cuando te dejas llevar por la tentación y muerdes la manzana que te ofrece, que luego el zumo corre por tu cara. Habrá que volver a repetir con Alberto,…, volver a charlar, digo. Hasta entonces le seguiremos en intimidad vía facebook, twitter e instagram. Y ahora toca darse una ducha para bajar este golpe de calor que nos ha dado.

  • Areto

    Así se fomenta el interés por la lectura… the library is open…