El teatro nació como teatro de consumo, como una necesidad de explicar el mundo y la sociedad en un momento en que no existía ninguna forma de periodismo ni de comunicación de masas. Ya  los griegos tocaban temas de sociedad, política, filosofía o historia para todo el pueblo, para la información de la gente, en obras pensadas solo para ese momento. Shakespeare nunca pensó en trascender (y se consideraba más un actor), no digamos Lope de Vega, quien escribía sainetes para el aquí y ahora. Aún la buena salud que el teatro de consumo tuvo en España en toda la primera parte del siglo XX y hasta los años sesenta y setenta, este no pensaba en ir más allá de unos años. De hecho, Carlos Arniches, Eusebio Poncela, Alfonso Paso o Jaime Salom se encontrarían sorprendidos si vieran que, hoy día, aquellas comedias que escribieron para uso y consumo inmediato aún se representan.

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Trascender me pedís vos/y yo os digo que os den por el ross

Veíamos, sin embargo, cómo esto, la trascendencia en las obras de teatro, nunca es la norma, sino la excepción. De hecho, solo las grandes obras, a pesar de las primigenias intenciones de los dramaturgos, se transmiten de generación en generación y cuentan con múltiples producciones a través de lo siglos, otras, como pasa con la reciente e innecesaria reposición de La abuela echa humo, que ya comentamos semanas atrás, no deberían salir del reducido círculo en el que fue escrito (en este caso, en 1990), dado que si se rescata de ese  preciso momento, no aguanta el paso del tiempo.

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"La guerra de los sexos". Una comedia sexual donde el sexo y la especie animal es lo de menos #TEATRO

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A ver, troncos, ¿quién es el primero en quedarse en gayumbos?

El teatro de consumo ratifica el excelente momento del teatro en España y bienvenidas sean obras como esta Afterwork, de consumo rápido y que responde a unas necesidades reales en el aquí y ahora, que no intenta trascender y en el que el público asiste por costumbre, como el que compra el periódico todos los días u oye las noticias en la radio. Y esta costumbre de ir al teatro es necesaria para que esto siga adelante. Afterwork trata sobre tres amigos, tres ejecutivos que trabajan en la misma empresa y, cuando salen de trabajar a las 18:00, se reúnen en un bar cercano para tomar unas cervezas, fanforronear, hablar mal del jefe y contar chistes verdes. Son tipos mediocres con puestos medios, jefecillos “atrapados en la quinta planta”, sin estar tan bajo como los de la primera y anhelando subir a la novena. Mandos intermedios que reciben hostias de arriba y de abajo.

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Poneos guapas que estamos a punto de salir a escena

La excelentes interpretaciónes de Vicente Camacho, Fernando Coronado y Jose Carretero son de lo mejor de esta agridulce comedia que, alrededor tan solo de una barra de bar como único escenario, sueñan con tener un negocio propio para mandar al carajo al jefe, los compañeros, los trajes con corbata, los informes y todo lo que rodea su “mierda de vida”, a pesar de tener sueldos magníficos, familia (que consideran necesaria para tener un estatus pero que a todas luces estorba en su carrera profesional y “amorosa”), y hasta se lían con un sinfín de secretarias, beben a cuenta de la empresa y se pegan buenas juergas. Encontramos a tres esterotipos que todos reconoceríamos: el trepa que pisa cabezas por doquier, el que quiere irse de la empresa pero no se atreve y el pelota, que se hace el tonto, y resulta el más listo de los tres. Buena comedia para disfrutar y que sirve de reflexión pues en esas todas nos hemos visto más de una vez.

Te in-Teresa
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http://youtu.be/hJQe3ekYigo

FICHA:
AUTOR: David Barreiro
DIRECCIÓN: Bruno Ciordia
REPARTO: Vicente Camacho, Fernando Coronado y Jose Carretero

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