Todavía resacosos por la fiebre consumista de ese Black Friday que muchos critican en las redes sociales como peste yanqui que nos invade, para acto seguido fundir la Visa en cualquier promoción de ropa que de apariencia de marica moderna, es buen momento para asomarnos al Thanksgiving hollywoodiense del ayer.

Por muy liberal que haya sido siempre gran parte de la meca del cine, la tradición manda y la proximidad del día de Acción de Gracias convertía a las estrellas del Hollywood dorado en espejos de tan arraigada costumbre. Ello nos ha regalado instantáneas en muchos casos delirantes debido al autoritarismo que ejercían sobre las vidas públicas y privadas de esos famosos intérpretes los grandes estudios cinematográficos para los que trabajaban.

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Mucho antes de que se convirtiera en la virgen treintañera más popular de la gran pantalla a causa del éxito de Confidencias a medianoche,  Doris Day había cimentado su fama interpretando a jovencitas “chicazos”. Precisamente encarnando a una muy viril Juanita Calamidad en Doris Day en el Oeste cantó uno de los hits musicales lésbicos por antonomasia en aquella década de los cincuenta: Secret love. Por eso, esta fotografía de Doris empuñando un hacha y mirando algo indecisa al pavo que tiene que matar resulta muy sugerente porque en ella se funden esa cierta actitud masculina con la imagen melosa que proyectaría más tarde, en los años sesenta.

Puede que Day también estuviera pensando en esta foto en amputarle el instrumento a alguno de los numerosos amantes músicos que tuvo antes de convertirse en cristiana… pero ésa es otra historia…

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Y aquí la tenemos a ella… la única e irreptible mamá queridísimaJoan Crawford. Ejemplo de cómo una estrella debe trinchar el pavazo que el servicio le ha preparado: Peinada, maquillada y vestida a la perfección, con manicura impoluta, anillazo de perla y ópalo y un cuchillo enorme que luego seguramente usaría para asustar a sus hijos adoptivos.

TE IN-TERELU  Homenaje a Sara Montiel

Ni en Acción de Gracias ni la proximidad de las Navidades ablandaban a dearest Joan. La misma fiereza con la que decapitaba con un hacha los rosales de su jardín cuando se enfabada o no permitía que hubiera perchas de alambre en ningún armario de su mansión, la dominaba también a la hora de planear los presentes navideños de sus retoños: Después de regalarles lo que deseaban, sólo les permitía quedarse con uno (jamás el que más les gustaba) y los demás se los tenían que ganar faenando por casa el resto del año.

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Fijémonos ahora en la sonrisa algo forzada de esta Judy Garland  adolescente ataviada con su famoso vestido de El mago de Oz. Más que mostrar alegría previo al festín que le espera, sugiere algo de tensión…Y no era para menos. En plena eclosión de su estrellato en la MGM, estaba esclavizada por su madre (“Ella era la verdadera bruja del Oeste”) y por el mandamás del estudio de cine Louis B. Mayer: Tenía jornadas laborales abusivas que aguantaba debido a los tranquilizantes, estimulantes y somníferos que le hacían tomar para aprovechar mejor el tiempo de trabajo. Además, tanto su madre como Mayer la sometían a continuos regímenes de adelgazamiento amén de darle también pastillas para que dejara de ser la “gorda jorobada” que era para ellos.

Así que posando con esa fuente de atrezzo con pavo y viandas varias, no resulta extraño que santa Judy fingiera con esfuerzo un contento que en absoluto sentía… A fin de cuentas, su Thanksgiving se reduciría a un mero cóctel de píldoras.

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Pues sí. Hasta Stan Laurel y Oliver Hardylos famosos El Gordo y el Flaco, se sumaron a los posados de Acción de Gracias, aunque claramente con el pitorreo que les caracterizaba. Con indumentaria de los antiguos colonos norteamericanos y en el caso de Laurel travestido en plan Ruth Lorenzo de otro siglo, la mítica pareja de cómicos parecen mofarse de algunos de los rumores sarasas que les acompañaron durante sus carreras cinematográficas… Nada que ver con la realidad pues  eran de echarle guindas a cuanta pava se cruzaba en sus caminos.

TE IN-TERELU  Desnudando a Bette Davis

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Rememorando sus tiempos de starlett hollywoodiense, Marilyn Monroe se dejó fotografiar mostrando unos muslos mucho más apetecibles que los de su compañero pavo. Respetuosa como era con todo lo que tuviera que ver con la naturaleza (“El sexo forma parte de la naturaleza, y yo me llevo de maravilla con la naturaleza”), dudamos que la voluntad de  Monroe fuera siquiera apuntar con un arma al animal de la instantánea.

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Durante su carrera en Hollywood, Gina Lollobrigida no dejó escapar la oportunidad de trinchar un pavo con la misma rotunda ordinariez con la que se enfrentaba por entonces a Sophia Loren para lograr ser la italiana más famosa del mundo. Eran unos tiempos aquellos en los que la Lollo todavía tenía la cintura en su sitio, su cabellera no consistía en un emparedado de pelucas y no se casaba sin darse cuenta con vividores catalanes.

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Elizabeth Taylor siempre hizo lo que le salía del toto y en cuanto dejó de ser una niña prodigio se centró, sin importale nada ni nadie, en sus grandes pasiones: coleccionar maridos y joyas, comer y beber (por el camino le dio tiempo de rodar unos cuantos clásicos y ganar dos Oscar) . La célebre actriz de ojos violetas era devota de la comida sureña y por tanto del pollo frito…así que dudamos que rindiera pleitesía al pavo. Por mucho Thanksgiving que fuese, en su mesa seguro que habría abundante pollo. Uno de sus amigos dijo de Taylor: “Devoraba la comida con una pasión casi sexual”, así que, en un post tan suculento, no nos hemos podido resistir a mostraros esa voracidad “pollil” que poseía a Liz.

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No ha habido lugar al que la tradición de Acción de Gracias no haya llegado, e incluso Snoopy le ha rendido su particular homenaje en este fotograma que bajo el prisma marica bien  podría tomarse como ejemplo gráfico de lo perracos que sois cuando un buen ejemplar de carne se os ofrece en bandeja

TE IN-TERELU  Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí: EL FENÓMENO

Disfrutad mientras aún tengáis energías para trinchar e hincar bien el diente en las carnes tiernas.